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Los ecologistas proponen a la UE colocar cámaras a bordo para salvar delfines

Es una vieja idea que rechaza buena parte de la flota y de la comunidad científica | En el BDRI prefieren observadores y elaborar estudios detallados sobre la pesca accidental

Una treintena de organizaciones no gubernamentales remitieron a la Comisión Europea una nueva propuesta de instalación de cámaras en los barcos de pesca para vigilar las muertes accidentales de delfines en aguas europeas y tratar de adoptar soluciones para erradicarlas o, cuando menos, minimizarlas.

Es una medida de carácter voluntario que ya se aplica en Australia, Canadá y Estados Unidos y según las ONGs, “permitiría involucrar a los pescadores en la protección de los mares en los que faenan”.

Pero es, igualmente, una acción que rechaza buena parte de la flota y a la que ya se opuso Galicia hace un par de años, si bien es cierto que en aquella ocasión el objetivo de la Comisión Europea no era tanto velar por la salud de la fauna marina, sino vigilar la propia actividad pesquera.

Es algo que tampoco acaba de estar claro entre la comunidad científica. Bruno Díaz López, director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI), es de los que creen que son mejores los observadores a bordo que colocar cámaras en los barcos. “Se trata de una controvertida propuesta”, explica este doctor en Ecología, convencido de que “todos tenemos claro que son necesarios estudios científicos para conocer mejor el verdadero alcance del impacto generado por las pesquerías y, sobre todo, determinar en cuáles existe de verdad el problema, ya que no todas son iguales”. Pero también tiene presente que “no se puede generalizar ni se puede considerar a toda la flota del mismo modo”.

Lo que quiere decir es que “hay artes de arrastre nada selectivas que causan un enorme impacto en el ecosistema, mientras que hay otras que sí lo son o, al menos, no constituyen una amenaza”.

Esto le lleva a decir que “entre todos debemos luchar por la conservación de las especies, pero tampoco podemos condicionar la actividad humana de manera drástica, sino que debemos apostar por la sostenibilidad”.

Ante esta situación, “lo de poner cámaras a bordo puede no servir para solucionar el problema, ya que lo idóneo es disponer de observadores que elaboren informes susceptibles de alcanzar un valor científico”.

Otra cosa sería seguir el ejemplo de Australia “y poner cámaras dentro de algunas redes para evaluar de forma detallada el nivel de impacto y la cantidad de delfines, tiburones o tortugas que caen en ellas, tratando así de planificar una mejor gestión pesquera”.

Esto es, insiste Bruno Díaz, “muy diferente a la colocación de cámaras a bordo para vigilar los métodos de pesca, pues para esto ya están los observadores”. Lo que plantea es que “sobre todo hay que salvaguardar el medio, pero es necesario hacerlo bien, con base en datos objetivos, ya que los delfines pueden caer en redes en cualquier parte del mundo de forma accidental, y lo que procede es estudiar el por qué o en qué porcentaje para tratar de corregirlo”.

Pero volviendo a lo que pretenden ahora entidades naturalistas como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), puede decirse que su intención es estudiar las muertes accidentales de delfines, ballenas y demás mamíferos marinos para, en la medida de lo posible, sacar conclusiones que permitan adoptar acciones tendentes a protegerlos.

Hay que tener presente, y así lo resalta la ONG, que cada año mueren entre 8.000 y 10.000 mamíferos marinos presa de las redes de pesca, tanto si se trata de aparejos que el sector está usando como de las temidas “redes fantasma” existentes en prácticamente todos los mares del mundo, las cuales constituyen una forma de matanza permanente que no es fácil de localizar y, mucho menos, de eliminar.

Tampoco hay que perder de vista sobre el hecho de que esas redes abandonadas, perdidas o descartadas por la flota “suponen el 10% del total de residuos y vertidos al mar”. Por eso los conservacionistas calculan que “entre 500.000 y un millón de toneladas de redes y artes de pesca se abandonan en el océano cada año y se convierten en trampas mortales para mamíferos, tortugas y aves marinas que mueren enredadas o asfixiadas en estas trampas”.

En la asociación de organizaciones nacionales de empresas pesqueras de la Unión Europea no coinciden en estas apreciaciones y dejando constancia de que “es muy complejo poner cámaras en miles de buques solo para observar la magnitud del problema”. En este caso, como en el BDRI, se inclinan por permitir la presencia de observadores a bordo; algo que ya se hace en la actualidad con diferentes fines.

Una forma de estudiar la situación

Antonia Leroy, jefa de políticas oceánicas de la delegación de WWF en Bruselas, explicaba hace unos días que la instalación de cámaras a bordo “permitirá identificar y medir el grado de accidentes y su relación con las capturas”. Pero también se dirige a“analizar las zonas y caladeros afectados” y determinar los períodos más peligrosos para cada especie. De este modo se cree posible encontrar soluciones consensuadas con los pescadores, ya que la captura accidental de cetáceos “es una situación muy incómoda para todos”, reconocen los ecologistas. Se trata, en consecuencia, de emplear las cámaras “para tener más datos sobre las especies y los ambientes marinos que están en riesgo”.

El creciente problema de los plásticos

Del informe “Stop redes fantasma, la forma más letal de plástico marino”, elaborado por WWF, se desprende que “cerca del 6% de todas las redes de pesca, casi el 9% de las trampas y nasas y el 29% de todos los sedales de pesca utilizados en el mundo se abandonan, se pierden o se desechan”. En ese documento se incide en que “más del 90% de las especies capturadas por las redes fantasma tienen valor comercial”.

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