Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los corrales de Meis se llenan de gallos

Este manjar culinario cuenta con una feria temática en el municipio desde hace 9 años

Hasta once criadores mostrarán sus piezas tras nueve meses de un cuidado proceso.  | // NOÉ PARGA

Hasta once criadores mostrarán sus piezas tras nueve meses de un cuidado proceso. | // NOÉ PARGA

En Meis el gallo de corral es algo más que un apetitoso bocado. Su ancestral tradición de cuidado en muchas de las casas del municipio ha supuesto que se haya convertido en una seña de identidad culinaria del lugar. Tanto es así que allí cuenta con una feria temática que este año, y pese a las circunstancias, volverá a celebrarse por noveno año consecutivo gracias al empeño puesto por el concello para que transcurra con las máximas garantías sanitarias.

Aquellas personas que crían este animal ayudan a descubrir el porqué de su atractivo entre los buenos paladares. María del Carmen Monteagudo subraya que el secreto de la particular textura de su carne viene marcada por el método, “el gallo de corral de Meis anda suelto todo el día. De ahí que su carne sea más fibrosa y no tenga ninguna grasa. Su carne es oscura, con un color y un sabor que nada tiene que ver con el gallo que está prácticamente sin moverse”.

Mención aparte merece todo el proceso que lleva a cargo cada uno de sus criadores. Una etapa que alcanza los nueve meses de duración y que ayuda a entender la razón de su cotización. Su cuidada alimentación es otro de los añadidos a la hora de explicar su especial textura. “El primer mes comen pienso con cereal y a partir del segundo mes solo cereal, especialmente trigo y maíz, además de toda la verdura y la hierba que tenemos en casa, porque todo lo que le damos es de cultivo propio. La verdad es que comen mucho y bien, pero luego el resultado es un gallo del que se aprovecha todo”, explica María del Carmen Monteagudo.

Respecto a la venta en medio de las restricciones para las reuniones navideñas, la esperanza se mantiene intacta entre los criadores. “Son piezas que rondan entre los cuatro y los seis kilos, aunque también pueden alcanzar los siete kilos. Creemos que son piezas que bien se pueden comer en una cena o una comida navideña. Y si sobra se conserva perfectamente para otro día”, apunta Monteagudo Poceiro.

Más preocupación existe en cuanto al desarrollo de la feria del próximo día 22 de diciembre, “esperemos que no nos restrinjan tanto para que pueda seguir viniendo gente a la feria. De todas formas se vende todo cada año porque hay muchos encargos”.

Gafas graduadas y picos de plástico para evitar peleas

Si difícil es la convivencia de dos gallos en un mismo corral, en Meis se tienen que extremar las precauciones para que la violencia no afecte a la producción de forma descontrolada. Con cerca de 30 gallos en su finca, María del Carmen Monteagudo señala que “todos los años me muevo en esa cantidad, pero siempre se matan varios en las peleas que suceden a lo largo nueve meses. Ahora mismo solo me quedan 22 porque en muchos casos luchan hasta la muerte”. El avance en materia de seguridad también ha llegado a los corrales debido al elevado número de pérdidas cada año. Desde unas gafas que limitan su visión para frenar sus incontrolables ganas de pelea hasta picos de plástico para minimizar los daños. Todo vale para que nada se interponga entre el corral y la mesa.

Compartir el artículo

stats