Residente en Terra de Porto (O Grove), Jacobo Domínguez Soutullo es un hombre feliz que, como buen lobo de mar, disfruta contando las historias de cuando era más joven. Casado y padre de tres hijos –Santi, José Antonio y Mila– que les dieron cuatro nietos, bromea diciendo que junto a su esposa “sumamos casi 160 años de edad”.

Él ya cumplió los 80, por lo que puede decirse que lleva prácticamente siete décadas casado con el mar. “Empecé con diez o doce años, y cuando cumplí los 25 me fui al sur de África, con mi hermano”, relata.

Fue así como, “después de 30 días de navegación, empezamos a dedicarnos a la langosta”. A su regreso a O Grove, “José y yo compramos un barco con el dinero que habíamos ganado estando en África, donde nos daban mil pesetas al día”. Y con ese nuevo barco volvieron a centrarse en el centollo de O Grove.

Para este curtido marinero también es “el mejor del mundo”, diferenciándose del centollo de otros puertos “porque los jóvenes de ahora son más listos que nosotros y solo van a pescarlo cuando está bueno de verdad; no como antes, cuando no había vedas ni nada”. Aunque hay otros factores que influyen, “como la temperatura del agua”.