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El coleccionista de noticias de A Illa

Otero comenzó a buscar las referencias del municipio cuando investigaba sobre la creación del Céltiga

Juan Luciano Otero Besada, “Genito”, en A Illa de Arousa.   | // IÑAKI ABELLA

Juan Luciano Otero Besada, “Genito”, en A Illa de Arousa. | // IÑAKI ABELLA

Exconcejal y gran amante de la historia del municipio que le vio nacer hace ya 75 años, Juan Luciano Otero Besada se ha convertido en un coleccionista de noticias de A Illa, un trabajo que asume con pasión y que le ha llevado a bucear en todo tipo de archivos y hemerotecas para ir sacando a la luz una parte de la historia desconocida del pequeño municipio arousano. Esa afición surgió cuando se hizo cargo del proyecto de finalizar la historia del Céltiga, hace ya cuatro años. En la búsqueda del principal dato, el del nacimiento del club, fue descubriendo otras noticias vinculadas al pequeño municipio y no dudó en recuperarlas. “Descubrí que A Illa aparecía en muchos periódicos de la época en la que buscaba el nacimiento del club, muchas más veces de las que se podía sospechar, porque por aquel entonces, no éramos un municipio, sino una simple parroquia”.

La referencia más antigua del municipio en medios de comunicación se remonta al 17 de septiembre de 1847 y se trata de una referencia a la intención de construir un faro en Sálvora y en A Illa, en concreto, en las inmediaciones de O Campelo. Ese faro acabaría inaugurándose el 19 de octubre de 1853 y hoy es conocido como el faro de Punta Cabalo. Bucear en las hemerotecas también le permitió descubrir una anécdota sobre el puente. En los años 50 comenzó a redactarse un proyecto para su construcción, con la visita de altos cargos del Ministerio de Obras Públicas a A Illa, como fue la de Rivero de Aguilar, que puso en marcha los trámites para la obra. Sin embargo, unos años después, un ingeniero de la Diputación emitió un informe negativo sobre la misma ya que “consideraba que era más barato trasladar a la población al continente que construir el puente”. El empeño por conseguir la infraestructura no cejó y tras mucho esfuerzo y destacados apoyos, la primera piedra del puente se construiría en 1983, siendo designado como director de la obra el mismo ingeniero que emitió el informe negativo más de dos décadas antes, Antonio Iribarren, que no llegaría a ver la infraestructura finalizada.

Aunque la fama sobre las relaciones con la flota inglesa la lleva Vilagarcía, lo cierto es que en los medios de la época se apunta a que esta amarraba siempre en las inmediaciones de A Illa y sus marineros jugaban al fútbol en un campo de O Aguiuncho, “tan solo los mandos se desplazaban a Vilagarcía”.

A Illa también estuvo cerca de convertirse en un lazareto tras la epidemia de cólera que afectó a toda España a mediados del siglo XIX. De hecho se llegó a hacer estudio para su ubicación pero no se llevó a cabo, acabando el lazareto en San Simón. La historia de A Illa también cuenta con conflictos y tragedias, como el que surgió a principios del siglo XX entre la flota del “xeito” y las traineras. Estas últimas, más grandes, con mayor tripulación y gran carga, acabaron siendo expulsados de la ría, para faenar entre Baiona y Bayonne tras una manifestación de 4.000 embarcaciones del xeito. Ese conflicto acabaría costándole la vida a cuatro marineros de A Illa que trabajaban como tripulantes en una cañonera. Fue en 1904, en la ría de Vigo, cuando estalló la caldera mientras trataban de darle el alto a una trainera que estaba faenando en el interior.

Un libro sobre el gobierno independiente de 1934

Una parte importante de las noticias que Otero está recopilando se refieren a un hecho que ocurrió en el mes de octubre de 1934, cuando un grupo de isleños, en solidaridad con la revolución minera asturiana, decidió proclamar la república independiente de A Illa. El libro, que se está elaborando en colaboración con el periodista Fernando Salgado, bucea en aquellos sucesos y en sus protagonistas, muchos de los cuales, acabaron sufriendo un destino trágico dos años después, con el golpe de Estado de Franco y posterior Gerra Civil. Esa búsqueda ha llevado a Otero al archivo de Ferrol para localizar toda la documentación de los juicios a los que se sometió a los hombres que protagonizaron aquella anécdota.

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