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Emotivo adiós a Don Lino en su "amado" Vilaxoán

El arzobispo destaca en su homilía su sensibilidad, sabiduría y afectos silenciosos

Un momento del funeral en la capilla de A Pelada, presidido por el arzobispo Julián Barrio.

Un momento del funeral en la capilla de A Pelada, presidido por el arzobispo Julián Barrio. // Iñaki Abella

Tras 24 horas de velatorio en la iglesia parroquial de San Martín de Sobrán, los restos mortales de su párroco emérito y arcipreste perpetuo de Arousa, Lino José Arcos Salgado, eran trasladados a las diez de la mañana a la capilla del cementerio de A Pelada, y despedidos por numerosos vecinos y allegados en su último viaje terrenal.

Cuando el cortejo fúnebre llegó al camposanto había ya mucha gente esperando y las instalaciones de la capilla estaban prácticamente abarrotadas. Y continuaban llegando personas para despedir al sacerdote. El recinto es amplio, pero las distancias solo podían marcarse en los exteriores del templo.

En el interior, junto al féretro, concelebraron más de una treintena de sacerdotes, el coro parroquial, sus allegados y numerosos vecinos. Fueron a darle el adiós muchas personas de Vilaxoán, pero también de otras parroquias donde dejó huella, como es el caso de Rubiáns, representada, entre otros, por el presidente de la asociación O Souto, Xurxo Abuín; de Vilanova de Arousa, representada por el expresidente de Portos, José Juan Durán; y de Vilagarcía con el concejal de Vilagarcía en Común, Jesús López, que mostró un aprecio especial de toda su familia por Don Lino; además expresar su apoyo al compañero de agrupación Feliciano Suárez, una de las personas más próximas al sacerdote fallecido.

El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, llegó al recinto al filo de las 10.45 horas y procedió a realizar las bendiciones en el templo. Acto seguido se vistió para presidir el funeral de cuerpo presente rodeado de algo más de una treintena de sacerdotes.

Durante la homilía, el arzobispo manifestó: "podíamos decir que hoy las campanas doblan no solo por Don Lino, también por todos nosotros. Las muertes de las personas amadas nos afectan profundamente, nos disminuyen, van despoblando nuestro mundo privado. Nuestra Iglesia, a cuya edificación espiritual contribuyó con el don de su vida propia, se siente humanamente hoy más pobre. Tal vez espiritualmente no, porque estamos seguros de que va a seguir intercediendo por nosotros, de otra manera".

Destacó las cualidades del hombre, como "una persona entrañable, de honda sabiduría, de afectos silenciosos, de eficaces realizaciones y de sentimientos profundamente religiosos. Don Lino nos quería, y nosotros sentimos la necesidad de quererle y acompañarle. Ha sido una referencia clara en su ministerio sacerdotal. Amable, sensible y hondamente espiritual".

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