Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

mirador de lobeira

Romería vikinga

Romería vikinga

Romería vikinga

Las bodas de conveniencia terminan en cuernos. Y los vikingos presumen de tenerlos bien grandes y afilados. No es de extrañar que en política también proliferen los astados que embisten a uno y otro lado en función de los giros del capote.

Nadie daba un duro por el p acta sun servanda del BNG con el PP. Tampoco se puede revestir de verónica el que propuso Alberto García ni el adulterio que planteaba el novato Daniel Touriño mal aconsejado en estas cuitas trufadas con aroma de rosa y puño.

Tampoco el matrimonio de Castaño y el terrible Iván que ha conseguido de forma sibilina enzarzar a todos era una apuesta segura. Lo que sí logró es romper cualquier relación entre progresistas.

La jugada maestra de Caamaño ha conseguido que sus rivales dancen a su son, un ritmo que marea a sus oponentes naturales pero que sobre todo aturde a los vecinos de Catoira que llevan un año de desgobierno absoluto y con un alto nivel de crispación en una localidad que nunca se había visto tales entuertos.

La única opción razonable es que Alberto García recupere el bastón de mando pues ha ganado las elecciones con holgura y obtenido cinco de los once escaños de la corporación. Lo demás son milongas pues ni el PP ni el BNG le han llegado a las suelas de los zapatos. La veteranía es un grado.

Catoira apostó por Alberto García como alcalde, aunque ahora haya quien le quiera traicionar para hacerse con el sultanato. Pasaba entre los romanos pero también los vikingos tienen su leyenda en similares términos.

Y el PSOE debería estar a la altura. En Catoira no ganan las siglas sino la persona. Alberto García puede presentarse por la agrupación Torres do Oeste que seguro que volvería a ganar las elecciones. Los vecinos le quieren.

Por tanto su actitud en absouto va a influir en una campaña en negativo. Los socialistas deben tener un comportamiento inteligente si quieren que muchos de los 5.000 censados de la localidad vuelvan a confiar en los llamados herederos de Pablo Iglesias.

Apostar por Alberto García en estos momentos es la baza más segura pues el 12 de julio se necesitan todos y cada uno de los votos para intranquilizar a Feijóo. Roma no paga a traidores.

Pero sobre todo es Catoira la que necesita sosiego. Un año de bandazos, sobre todo en una época como la actual, es un mal comienzo de mandato. Quien pierde siempre es Juan Pueblo pues ni las instituciones del PP ni las gobernadas por PSOE y BNG les va a favorecer en este momento.

La romería vikinga tiene que acabar de una vez por todas pues no es momento para el grito de¨¡Úrsulaaa!" sino para defender un gobierno estable con criterios progresistas, que para eso han conseguido la mayoría absoluta en la convocatoria del pasado año.

Todo lo demás son capotes a una novilla que solo hace reir al muleta pero que aburre a toda la plaza. No es momento de fiesta nacional sino de tomarse la política en serio y de bajarse a la arena sin hacer polvo al contrincante.

Compartir el artículo

stats