Pescadores y bateeiros explican que "desde el mar, cuando vamos a trabajar, se aprecia claramente lo mucho que ha cambiado la costa a causa de los últimos temporales; la arena ha desaparecido en numerosos puntos o se ha visto reducida de manera brutal en muchas playas".

Por su parte, diversos ecologistas apuntan que "las fuertes corrientes y el viento intenso han destruido el cordón dunar de distintos espacios naturales".

A su vez, los mariscadores alertan de que "a causa de las corrientes, pero también debido a las riadas que se producen con las intensas y constantes lluvias, no solo ha descendido la salinidad, sino que hemos perdido arena en importantes bancos marisqueros, lo cual hace que la almeja y el berberecho estén sufriendo mucho e incluso mueran".

Jesús Otero Mascato, el biólogo de la cofradía de pescadores San Martiño, abunda en todo ello diciendo que, efectivamente, el mar está trabajando duro sobre las playas, generando "importantes movimientos de arena fácilmente apreciables en diferentes puntos de la costa".

Se trata de un proceso totalmente natural que puede considerarse normal en los inviernos más duros,. Una situación que el sector del mar está acostumbrado a soportar y que puede revertirse por sí sola. Pero aún así es un fenómeno llamativo, ya que, como el propio biólogo confirma, se aprecia una significativa reducción de áridos en playas como As Pipas y Area de Reboredo, tanto o más evidente en aquellas que, desde A Lanzada a Con Negro, están expuestas a las embestidas del Atlántico y los vientos del sur.

Es tan llamativa la situación que "incluso se hace notar en playas resguardadas como la de Porto Meloxo, donde las escorrentías arrastraron la arena al interior de la ensenada", según indica el biólogo grovense.

No cabe duda de que la península meca está más expuesta que otras zonas de la ría, y desde luego mucho más que las situadas en el interior de la misma. Pero, en cualquier caso, esta desaparición de arena en playas engullidas por el mar y los destrozos causados por las riadas en los bancos marisqueros es algo que, en mayor o menor medida, sucede en prácticamente todas las localidades arousanas, de ahí que la expectación y la tensión sean máximas entre las gentes del mar.