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Faro de Vigo

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Años 60: en Vilagarcía solo corren los hombres

Pilar Sanmartín vistió la camiseta de España en tres mundiales de cross en una época muy difícil para las mujeres deportistas

Sanmartín marcha tercera al pasar un obstáculo artificial en el cross de San Sebastián. // Noé Parga

Unos años antes de que una veinteañera llamada Kathrine Switzer desafiase el veto a la participación de mujeres en la maratón de Boston (Estados Unidos), al correr la prueba con el pelo recogido y un chándal holgado para hacerse pasar por hombre, una chica vilagarciana se convertía en la primera corredora del Liceo.

Pilar Sanmartín Ordóñez nació en 1949 en Vilagarcía. Era la benjamina de tres hermanos, y el mayor, Rubén, ya destacaba como corredor. El primogénito se dio cuenta de que su hermana podía tener buenas aptitudes para el atletismo, y se lo comentó a su entrenador, Adolfo Pedrido Morla. Este le contestó que la llevase a probar.

Corrían los primeros años 60, y en Vilagarcía no había pistas de atletismo ni nada que se le pareciese. Los chavales del Liceo acostumbraban a quedar en la playa de Compostela. Pilar Sanmartín corrió un poco, y Adolfo Pedrido vio que, en efecto, valía.

Ella tenía entonces entre doce y trece años, y se convirtió en la única corredora del Liceo Marítimo. Por aquel entonces, como en muchas otras actividades, el atletismo era un deporte exclusivamente masculino. Y aunque Pilar Sanmartín no sufrió a principios de los 60 la furia machista que sí conoció Kathrine Switzer, a la que un organizador trató de expulsar de la maratón a empujones, sí tuvo que tragar saliva en más de una ocasión.

"Tuve que escuchar más de un piropo desagradable, pero pasaba de todo e iba lo mío", cuenta ahora Pilar Sanmartín, que es toda una institución del atletismo arousano, pues en los 70 llegó a vestir tres veces la elástica de España en otros tantos mundiales de cross.

Ajena a las burlas

Pilar Sanmartín se sentía protegida en su grupo de entrenamiento, y corría a menudo con su hermano Rubén. Por eso, nunca sintió miedo cuando alguien se dirigía a ella despectivamente por la calle. Pero no solo se burlaban de ella los hombres. "A veces salíamos a correr fuera de Vilagarcía, y escuchaba a algunas mujeres hacer comentarios sobre mí cuando me veían pasar", rememora esta pionera del atletismo vilagarciano.

Pero nada de eso hizo mella en su pasión por el deporte. "Tampoco era una chica cohibida".

Pilar y Rubén Sanmartín crecieron deportivamente bajo la dirección de Adolfo Pedrido, toda una institución del deporte vilagarciano del siglo pasado. Debutó siendo una adolescente en las pistas del Estadio de la Juventud de Pontevedra, que entonces aún eran de ceniza, y destacó pronto en todas las especialidades del atletismo. Hizo carreras de velocidad, saltos, lanzamientos? Pero para lo que más talento tenía era para las duras carreras de campo a través y para las pedestres.

Llegó un momento en el que el Celta se fijó tanto en ella como en su hermano, y fichó a ambos. Una vez más, tuvieron que escuchar comentarios agrios de quienes esperaban que se quedasen en Vilagarcía, aún a expensas de ver como sus carreras se estancaban.

En el Celta, Pilar Sanmartín vivió los mejores momentos de su carrera. Entrenó con Alfonso Posada Sánchez y Alfonso Ortega, que años más tarde se convertiría en seleccionador español. En una época sin internet ni teléfonos móviles, los preparadores enviaban a sus corredores de fuera de Vigo los planes semanales de entrenamiento por carta.

La vilagarciana despuntó en carreras de medio fondo, y sobre todo en los embarrados y gélidos campos de cross de España y Portugal. Fue campeona gallega absoluta de cross durante cuatro años consecutivos, desde 1973 a 1976, y corrió con España tres mundiales de la especialidad (entonces se llamaban Cross de las Naciones), celebrados en España, Bélgica e Italia. También subió al podio en varias carreras internacionales, entre ellas la de San Sebastián, entonces uno de los crosses más importantes de Europa. "Fue para mí una época muy bonita. Muy sacrificada, porque el atletismo te obliga a privarte de muchas cosas, pero muy bonita. Si pudiese volver a empezar, lo haría", afirma ahora.

A principios de los 70, mientras su carrera eclosionaba, el mundo del deporte empezaba a abrir sus puertas tímidamente a las mujeres. En 1972, la maratón de Boston permitió por primera vez la participación femenina en la prueba de los 42 kilómetros, tras la hazaña de Switzer. Pero aún quedaba mucho camino por recorrer.

"En las carreras, los premios económicos y los regalos siempre eran mejores para los hombres que para las mujeres. Nosotras no lo veíamos como se vería ahora, pero aún así ya nos parecía que aquello era injusto, que a fin de cuentas nos estábamos sacrificando tanto como los hombres".

Pese a todas las dificultades y el enorme sacrificio que le exigía el atletismo -había días que entrenaba a la mañana, a mediodía y por la noche, y tuvo que renunciar a muchos ratos de ocio-, recuerda con enorme cariño aquellos años en los que recorrió España y varios países europeos en cansinos e incómodos trenes para batirse contra las mejores corredoras del momento.

En 1976, cuando aún le quedaban por lo menos cinco años a buen nivel, colgó las botas. Se casó con José Carlos Prieto, otro mediofondista vilagarciano que formaba parte de su grupo de entrenamiento, y ese mismo año tuvo un hijo. Hoy, a Pilar Sanmartín le pesa no haber corrido más tiempo. "Son errores que se cometen en la vida. Si pudiese rebobinar, no sería así, pero son cosas de la vida".

Pilar Sanmartín ya no corre, pero sigue muy cerca del deporte. Su hijo es jugador de rugby en Los Ingleses, y dos de sus nietos practican atletismo. Pionera como fue de este deporte en Vilagarcía -el club Atenas Running Vda. quiso homenajearla en 2012 junto a su hermano Rubén, Sebastián Mosquera y Santiago "Tito" Ortega-, seguro que el domingo estará animando a las corredoras de la media maratón.

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