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Las resurreciones de Pedro Nimo

El maratoniano habla de los altibajos de su trayectoria profesional ante el millar de estudiantes que participaron en una carrera organizada por los Salesianos de Cambados

Alumnos de dos de los colegios de Cambados. // Noé Parga

Alumnos de dos de los colegios de Cambados. // Noé Parga

Pedro Nimo del Oro (Santiago de Compostela, 1980) lo tenía todo para triunfar en el atletismo. Siendo junior, ganó cinco veces el campeonato gallego de campo a través, y una el de España. Aún no había cumplido la mayoría de edad y ya era capaz de correr los 10.000 metros en menos de 30 minutos, lo que le valió firmar la mejor marca europea junior de todos los tiempos. Sin embargo, el éxito se le atragantó, e incapaz de "asimilar" aquellos magníficos resultados, como admite en su página web, se retiró del atletismo en el mejor momento de su carrera.

El colegio salesiano A Mercé, de Cambados, y la presidenta de la asociación gallega de atrofia muscular espinal (GaliciAME), Mercedes Álvarez, están organizando este curso un proyecto educativo que se denomina "Resiliencias", y que pretende mostrar a los jóvenes que aunque la vida no vaya a ser siempre un paseo sobre una alfombra roja, hay que encontrar las fuerzas necesarias para afrontar los momentos difíciles y arrancarle una sonrisa a las lágrimas.

Durante la jornada de ayer, el colegio organizó una carrera de atletismo para un millar de estudiantes de los centros educativos de Cambados, de Primaria a cuarto de Secundaria, y el padrino de la actividad fue precisamente Pedro Nimo, un hombre que sabe muy bien lo que significa caerse y levantarse de nuevo.

Él se cayó por primera vez cuando, siendo poco más que un niño, atisbó en el horizonte los peajes que temía tener que pagar si quería triunfar como profesional -a finales del siglo pasado, el dopaje hizo mucho daño en el deporte español-, y no fue capaz de digerir sus éxitos. Y tardó cuatro años en levantarse. Hasta que, ya con veintitantos años, sintió la necesidad vital de calzar de nuevo unas zapatillas y correr. Salió, y aguantó apenas media hora, para terminar tan exhausto como cualquier corredor popular que trota por primera vez tras muchos años de sofá y cervezas.

Pero no se rindió.

Y en pocos años, Pedro Nimo volvió a la élite. Volvió a ganar carreras y a ser internacional. Su segunda gran caída se produjo en 2009, durante el mundial de maratón de Berlín. El compostelano era uno de los mejores atletas europeos del momento, pero se rompió durante la carrera.

La extrema dureza de sus entrenamientos le provocó una fractura por estrés que le alejaría del atletismo durante más de dos años. Y durante ese tiempo -una eternidad para un deportista de élite que ve pasar por delante suya todos los trenes de sus mejores años- no solo tuvo que hacer frente a los sinsabores de la lesión, sino también a las envidias y maledicencias de quienes cuchicheaban que Pedro Nimo no se había retirado en Berlín por temor a quedarse sin la beca, cuando la realidad era que Nimo podía vivir perfectamente sin ese dinero, y que había traspasado la meta casi cojo porque se negó a sí mismo el derecho a rendirse.

Y de nuevo, Pedro Nimo se irguió.

La vida de cualquier deportista profesional es una montaña rusa con altos y bajos, y la de Nimo no fue diferente. En 2011 hizo el tiempo mínimo para ir a los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, pero la suerte le abandonó en la carrera en la que tenía que ganar el billete de la selección española. Escogió la maratón de París, y la mañana de la prueba amaneció tan fría y ventosa que todos los atletas corrieron muy por debajo de lo que solían hacer. Al gallego le pasó lo mismo, y aunque fue el mejor europeo, no hizo la marca que necesitaba.

Hoy, Pedro Nimo está retirado del atletismo profesiona. Hace poco más de un año logró la medalla de plata por equipos en el campeonato de Europa de maratón. Lo hizo en Berlín; en la capital alemana, Nimo conoció el sabor amargo de la decepción en 2009, y el dulce de la victoria menos de una década después. Su esfuerzo le valió una nueva oportunidad, y la aprovechó.

Pero el compostelano, con orígenes familiares en Vilaxoán, se quita méritos. "Un atleta no tiene que ser un ídolo solo por ganar una carrera. Lo único que hizo fue hacer bien su trabajo. Ídolos son los pescadores que se levantan a las siete de la mañana para echar las nasas, con frío y lluvia, o los albañiles que están en un andamio o un tejado en pleno invierno. Esos son los ídolos, los que trabajan treinta años en una empresa sin que nadie les dé una palmada en el hombro, solo por mantener a su familia o salir adelante en la vida".

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