Hace un lustro Maruxa Sabarís Rey decidió acudir a clases de pintura en el local social de Trabanca Badiña. Lo hizo para pasar el rato, para estar con las amigas y para ejercitar su dolorido hombro. Lo hizo, por qué no decirlo, porque las adversidades sufridas la obligaban a evadirse, y más aún tras llegar a la jubilación después de una vida laboral especialmente activa.

Necesitaba canalizar sus fuerzas, pero sobre todo, sus sentimientos y sus emociones. Necesitaba viajar en el espacio y en el tiempo con ayuda de un pincel. Necesitaba, en definitiva, reinventarse y sobrevivir.

Aquello le gustó y la animó a realizar, siempre poco a poco, con mimo y sin pausa, una extensa colección de trabajos pictóricos, sobre todo empleando la teja como soporte.

"Era una forma de pasar el rato, pero pronto me di cuenta de que me gustaba la pintura y me en enamoré de ella", confiesa mientras observa sus obras, ahora expuestas por primera vez al público.

Tiene 77 años y no fue hasta hace cuatro cuando empezó a plasmar su talento innato sobre el lienzo, elaborando así sus primeros, llamativos y coloridos cuadros.

Homenaje a su hijo

El homenaje póstumo a su hijo Tino Abad, fallecido hace once años, siendo aún muy joven, fue su primera gran obra.

El de este conocido vilagarciano, el mayor de los cinco hijos que Maruxa Sabarís tuvo con Celestino Abad, fue el primer rostro de la familia que la artista quiso inmortalizar para siempre en sus cuadros, en los que pronto empezó a dar cabida a sus nietos y a todo tipo de motivos marineros, así como a los paisajes de su querido Cambados natal, bucólicos ríos y entrañables atardeceres.

Algunas de esas obras son las que ahora -y hasta el 31 de octubre- pueden verse colgadas en las paredes de la cafetería La Marina, situada en la avenida vilagarciana del mismo nombre.

Un lugar, dicho sea de paso, que no fue escogido al azar, ni mucho menos. Se trata de un establecimiento que forma parte de la historia de Vilagarcía, como también de un local hístóricamente ligado a la vida de su fallecido hijo Tino, sin duda presente en mente de todos durante el acto inaugural de esta muestra, titulada "Lembranza".

Homenajeada y arropada por los suyos, los mismos que la convencieron para exponer estas obras -que nacieron desde la intimidad y en ella estaban guardadas-, la septuagenaria artista no podía contener la emoción al ver que se había atrevido a dar el paso de mostrar una colección tan íntima como ésta. Pero sobre todo al saberse autora del mejor homenaje que su hijo Tino querría recibir.

Así, entre sentimientos, emociones y "lembranzas" se explica el origen de esta exposición en la que se ofrecen once cuadros cargados a partes iguales de sensibilidad y realismo. Once óleos que encierran un lenguaje propio y sencillo; una forma de sentir diferente como la que canaliza a través del pincel esta mujer nacida en Cambados en 1942, que pasó la mayor parte de su vida en el barrio vilagarciano de A Torre y ahora salta a la palestra en calidad de artista.

Lo hace desde la humildad, asumiendo que es solo una principiante en esto de la pintura y que aún tiene mucho que aprender. Como lo hará, sin duda, escuchando a todos aquellos que quieran darle su opinión tras visitar esta colección que, al margen de los recuerdos y sentimientos que puede encerrar, debe ser motivo de alegría y orgullo para Maruxa Sabarís, pues no cualquier persona está en condiciones de proponerse pintar después de cumplir los setenta; y mucho menos hacerlo con el talento que parece manar de cada trazo sobre el lienzo en esos cuadrados, en los que parecen moverse las olas de la ría de Arousa y los árboles de los montes y riberas de O Salnés.