Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antón Patiño: gramática fosforescente

El catedrático Juan Fernando de Laiglesia reflexiona sobre "Manifiesto de la mirada", obra más reciente de Antón Patiño

Antón Patiño, en su exposición de Cambados. // Iñaki Abella

Antón Patiño, en su exposición de Cambados. // Iñaki Abella

Gracias a que centenares de artistas a lo largo de la historia, nos han dejado por escrito lo que se esconde tras el lienzo, hemos podido comprender en qué mundo habitamos y qué laberinto recorremos. Desde Goya a Miró, o de Picasso y Dalí a Oteiza, Tàpies, Saura o Eugenio Granell, gran número de creadores han alternado taller y escritura. Antón Patiño (Monforte 1957) en plena vanguardia gallega e internacional es uno de ellos, y encabeza su nuevo libro "Manifiesto de la mirada: hacia una imagen sensorial" (Fórcola, 2018) con una frase frecuente en su ya amplia bibliografía: "La cabeza del artista es un país libre".

Es sorprendente repasar las 300 páginas de esta obra de teoría del arte al calor de la colección de pinturas que está exponiendo estos días en el Pazo Torrado de Cambados con el título "Habitar o labirinto". Se le ve escribir pintando y pintar escribiendo. La misma fluidez, igual esplendidez, semejante cantidad de autores con los que dialoga en el libro, y a la vez la misma cantidad de soluciones plásticas en sus pinturas. Prolífica, ansiosa, imprevista y compulsiva, la pintura surge en fogonazos de alegría y libertad, tachando y chorreando, gesticulando y acariciando, yuxtaponiendo y ensamblando.... como si no hubiera límite, como si se inventaran desde cero las palabras al dibujar redes, cuadraditos, equis, rayajos, seres nocturnos, perfiles y gritos, pisadas y manchones, rojos, negros y verdes... con la rapidez de quien está atrapando la imagen que sale de la tela y escapa por las paredes.

Porque se trata de profundizar hasta la obsesión. Llegar a la raíz de la pintura pintando todos los días. La calidad se logra con la cantidad. Esos cuadros denotan la sublime obsesión de la necesidad de pintar para entender la pintura. Y a la vez, la obligación del pensamiento, la disciplina de la libertad, la severidad de la creación que lo exige todo.

En el libro, Antón Patiño habla con más de cuatrocientos autores que cita documentalmente, repasando las tendencias de la contemporaneidad en las artes, desde el cine a la arquitectura, o la filosofía y literatura, enlazando muy sabiamente lo autobiográfico, la emoción de los pequeños descubrimientos que se producen en el taller, con las reflexiones sobre la mirada de la mano de los pensadores más importantes. Podríamos decir que este libro es una feliz y refrescante mezcla de diario intelectual y de manual práctico de teoría del arte. Escrito con la intuición apasionada de quien está pintando, pasa de Novalis a Paul Klee, o de Cézanne a Bachelard. Se puede ver una secreta equivalencia natural entre los trazos del pincel en la tela y la claridad de las frases cortas en el papel. Pinceladas rápidas, escrituras claras... Es una cuestión de ritmo. Abro por la página 272 y se me entrecruzan Joyce, San Juan de la Cruz, Benjamin, Goethe, Rudolph Otto, Molinos, Santa Teresa y Bataille, en un precioso juego de espejos que va construyendo un "Manifiesto de la mirada".

Y de entre los centenares de autores con los que conversa, cita sobre todo a María Zambrano, Alberto Giacometti y Walter Benjamin. De este último, merecen especial atención los repetidos desarrollos que hace Patiño de la noción de Jetztzeit o "tiempo-ahora", por la célebre intuición de este filósofo sobre el cruce entre temporalidad y la subjetividad del héroe trágico. Es decir, la intensidad de la mirada suspendida... Y también por la idea de "aura" que reúne la inmediatez del tacto con la distancia sublime, ese "vaivén inexpresable que sólo el proceso artístico y la obra de creación pueden expresar en su dimensión plena", escribe en la página 270. En fin, en cada página está todo el libro, pero hace falta todo el libro para percibir correctamente cada página, igual que en la exposición de Torrado, en cada cuadro toda la colección.

Es el libro delicioso y desbordante de quien pasea por los archivos de la memoria y nos va contando lo que ve. Se trata de una emocionante "Constelación" para poder "Habitar un laberinto".

*Juan Fernando de Laiglesia es catedrático emérito y fue decano de Bellas Artes en Pontevedra.

Compartir el artículo

stats