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"Cuando tienes una buena botella en casa no la puedes abrir solo y eso son cosas que le dan una magia especial"

-¿Esa evolución puede entrar en conflicto con el cuidado de lo artesanal y de las pequeñas producciones?

-Eso también depende del tipo de negocio que se quiera plantear. En Galicia hay bodegas de todo tipo, incluso entre los pequeños cosecheros encuentras cosas que son un poco la esencia, la singularidad y la artesanía. Y eso hay que conservarlo. Hay muchos nichos de producción y es posible que convivan todas en armonía.

-A usted seguro que será difícil que alguien le sirva un vino malo.

- (Risas) Creo que no hay vinos malos, los hay buenos y menos buenos.

-Su respuesta, si me lo permite, alimenta mi teoría de que hay mucho esnobismo en torno al vino. Demasiado juicio sin conocimiento real del vino en cuestión.

-A la hora de valorar cualquier vino hay una cuestión irrefutable que es la sensación al probarlo. ¿Me gusta o no me gusta? A partir de ahí se puede ir un poco más allá y analizar el porqué me gusta o que sensación me genera. Sin entrar ya a valorar cuestiones que serían mucho más técnicas. Lo que yo tengo muy claro es que cuando a mí me dan un vino siempre parto del máximo respeto a quien lo ha elaborado y a partir de ahí intento comprender la razón de ese vino.

-¿Es usted más de blanco o de tinto?

-En eso me agarro a mi vena gallega y pienso que depende. En mi caso para comer siempre prefiero el tinto, pero cuando no hay comida por el medio me quedo siempre con el blanco gallego.

-¿Qué tiene este mundo que levanta tantas pasiones?

-Es que es una bebida social. Cuando tienes una buena botella en casa no la puedes abrir solo y eso son cosas que le dan una magia muy especial.

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