Santiago Telmo tiene 25 años y es de Meaño. Desde julio pasado, es diácono en la parroquia cambadesa de Santa Mariña Dozo, colaborando activamente en la vida de la comunidad. A punto de terminar sus estudios en el Seminario Mayor de Santiago, será ordenado sacerdote a principios del próximo verano. El suyo es el testimonio de uno de los pocos jóvenes gallegos que en los últimos años han decidido consagrar su vida a la profesión eclesiástica. Pero no es un testimonio lastimero ni victimista, sino dispuesto a trabajar para superar los retos que se avecinan.

-¿Cómo llegó a la decisión de hacer la carrera eclesiástica?

-De niño fui monaguillo en la parroquia, y con 13 años decidí entrar en el Seminario Menor, un poco para estudiar y un poco para saber si ese era mi camino. Pero también me gustaban mucho la ciencia y la informática. Ya durante el Bachillerato empecé a asistir a las Tiendas del Encuentro en la capilla universitaria de Santiago -momentos de oración, misa y coloquio presididas por un sacerdote-, pero en segundo de Bachillerato aún iba por ciencias puras porque seguía sin tenerlo claro. Hasta que unos meses antes de acabar el curso me dije que si eso era lo mío (la formación religiosa) y no lo hacía, terminaría perdiéndomelo. Ese fue el último paso para tomar la decisión, y hasta hoy.

-¿Qué es lo más gratificante del trabajo en la parroquia?

-Me gusta mucho el contacto con los jóvenes, y llevo dos grupos de catequesis. También el hecho de poder bautizar, y empezar a soltarme con las predicaciones y las homilías.

-La Iglesia Católica sufre desde hace años una crisis de vocaciones de personas jóvenes. ¿Se sienten solos los que, como usted, sí han optado por este camino?

-Nos gustaría que hubiese más jóvenes, pero no nos sentimos solos. Ahora mismo en el Seminario Mayor de Santiago hay 18, sin contar a los diáconos. Vemos que se avecina un cambio en la Iglesia, y que nos va a tocar a nosotros participar en él. Es un desafío que tendremos que llevar a cabo.

-Hay sacerdotes que tienen que atender hasta media docena de parroquias por la falta de curas. ¿No le asusta tener que enfrentarse a una carga de trabajo excesiva una vez sea ordenado?

-Conozco compañeros que empezaron con ocho parroquias, pero que ahora ya llevan once. A mí no me preocupa el trabajo, pero sí la reacción de la gente. Con la nueva organización de las unidades pastorales lo que se intentará es centralizar el culto en una parroquia más grande, y eso la gente mayor e incluso los curas que llevan muchos años en las parroquias lo llevan mal.

-¿Cómo le explicarán a la gente de más edad que tendrán que ir a otra parroquia a escuchar misa?

-Tenemos que hacerles ver que somos pocos sacerdotes, y muchas parroquias, y que si queremos llevar una vida de parroquia viva necesitamos esa forma de organización. Fiestas como las primeras comuniones o las de los patrones seguirán siendo en cada parroquia, pero los cultos de los domingos tendrán que centralizarse en la parroquia más grande. Muchas dejarán de tener misa los fines de semana. Es una medida más de necesidad que de gusto.

-La ciencia, los avances tecnológicos, el consumismo... ¿Cuál es el gran rival de la fe?

-Ni la ciencia ni las nuevas tecnologías. El gran rival de la fe es el desinterés general. Hoy en día, la gente no se interesa por nada, no se involucra en nada, y la fe requiere implicación.

-¿A qué se debe ese desinterés?

-Llegamos a este punto porque nos acomodamos demasiado. Nuestra generación es de manta y sofá. No nos gusta trabajar más de lo que necesitamos.

-Hay curas con cientos de seguidores en su página de Facebook, que organizan actividades sociales y que tocan en grupos . ¿Es el camino para enganchar la Iglesia a los nuevos tiempos?

-Las redes sociales o las páginas web son algo muy bueno. Hoy, los jóvenes no van a la iglesia a coger la hoja parroquial, la consultan por internet. A los jóvenes se les engancha con actividades que resulten atractivas para ellos. Y cuantas más vocaciones de jóvenes haya, más se sentirán atraídos los jóvenes hacia la Iglesia. Necesitamos un reinicio en las actividades que la Iglesia organiza con los jóvenes.