El colegio Rosalía de Castro de Carril recuperó hace veinte días el turno único de comedor gracias a las movilizaciones protagonizadas por numerosos padres y también por los directamente afectados, sus hijos, que llegaron a comer bocadillos a las puertas del centro en señal de protesta por la implantación de un doble turno que dejaba a algunos alumnos menos de media hora para almorzar.

Una vez que la jefatura territorial de la Consellería de Educación en Pontevedra cedió ante la presión de las familias, eliminando el denostado doble turno, quedaba por resolver la otra demanda de la comunidad escolar: la puesta en marcha de un servicio de transporte para los niños que no van al comedor y a los que sus padres no pueden ir a recogerlos a la salida de clase, a las 14.15 horas. Pero parece que esta reivindicación se ha desinflado, pues desde la asociación de padres, Pilar Acosta asegura que de las 40 familias con necesidad del autobús, "solo cuatro madres de Trabanca me siguen preguntando por el asunto".

Así, la presidenta de la Anpa del colegio de Carril quiere dejar claro que la asociación no ha desistido de esta petición porque la Xunta haya atendido la relativa al comedor, sino porque no aprecia interés en la mayoría de padres afectados -precisamente desde que se arregló la problemática del comedor-. "Yo no puedo abanderar algo que los propios afectados no reclaman porque necesito un respaldo. Tendrían que estar protestando como ocurrió como con el comedor, deberían implicarse. Yo iría con ellos hasta el final", declara Pilar Acosta.

En cuanto a la recuperación del turno único de comedor en este colegio público de Vilagarcía, desde la Anpa aseguran que se ha llevado a cabo con normalidad y sin ningún tipo de incidencia desde el 9 de enero, día en el que se implantó, justo cuando los alumnos volvieron de las vacaciones de Navidad.

Durante ese periodo la jefatura territorial de la Consellería de Educación en Pontevedra ejecutó obras en el centro educativo para ampliar las instalaciones del comedor y poder dar cabida a los 20 niños que había en la lista de espera. Los trabajos consistieron en derribar un tabique para unir el actual comedor con el espacio que en su día se habilitó para albergar la cocina.