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El mar, principal amenaza de las mámoas de Areoso

Se han documentado cinco de estos monumentos megalíticos de los que uno ya ha desaparecido

La protección de la mámoa 4 ha frenado la erosión a la que está expuesta.

La protección de la mámoa 4 ha frenado la erosión a la que está expuesta. // Iñaki Abella

Cinco mámoas, un paleosuelo único en Galicia para conservar restos óseos y varias cistas funerarias son solo algunos de los elementos que tienen localizados los arqueólogos en el islote Areoso, en A Illa de Arousa, una riqueza que camina inexorable hacia su desaparición por efecto, sobre todo, del mar, que ya ha acabado con alguno de los restos localizados en las sucesivas expediciones que se han desarrollado en la pequeña lengua de arena. Esa evolución irreparable está siendo analizada por investigadores de la Universidad de Durnham y del CSIC, en especial, la situación de las cinco mámoas que han sido localizadas en el islote.

En el proyecto Guidoiros, a través de la investigación y de la aportación de fotografías de vecinos del propio municipio, se ha seguido paso a paso la evolución que han experimentado estos monumentos megalíticos, un trabajo que va a finalizar el próximo mes de septiembre con la última visita a Areoso. Elías López, técnico de la Universidad de Durham que participa en el proyecto Guidoiros, reconoce que el islote es especial y un campo de trabajo muy atractivo para los arqueólogos, sobre todo por el tipo de suelo que posee y porque en el contexto gallego no se conoce otro punto con construcciones megalíticas tan próximas al mar, ya que generalmente se encuentran en zonas elevadas, como es el caso de la sierra de Barbanza. "En Galicia, por las condiciones de su suelo, granítico muy ácido, es difícil que se conserven restos. Sin embargo, el islote cuenta con sedimentos de concha que puede mantener materiales orgánicos que nos aportan datos e información de como vivían", explica López.

El trabajo que desarrolla López, en compañía de la arqueóloga del CSIC Patricia Mañana se centra en la evolución de las cinco mámoas localizadas en la expedición que lideró Manuel Rey y por los efectos de las mareas. El trabajo permitirá hacerse una idea de como evolucionan este tipo de yacimientos tan próximos al mar y expuestos a condiciones adversas. "Tarde o temprano, al encontrarse tan expuestos, el mar va a acabar por destruirlos, aunque en el tiempo que llevamos investigando, desde el pasado mes de septiembre, con el duro invierno que pasó, pensábamos que la situación iba a ser peor, pero no ha sido así", indica López. Antes de que se confirme esa desaparición, "el objetivo es que la gente facilite fotografías del islote para poder registrar la evolución que han experimentado las mámoas y el islote".

Desde que se hizo el llamamiento, los arqueólogos han recibido 126 fotografías que abarcan un amplio período de tiempo ya que van desde la actualidad hasta 1990. A ellas hay que sumar otras instantáneas aéreas que se han localizado y que se han incorporado a la página web del proyecto.

Mámoas

Las dos primeras mámoas fueron localizadas en la expedición que lideró Manuel Rey a Areoso a finales de los años 80. La primera de ellas no posee un gran valor arqueológico. Se sospecha que estaba formada por seis losas de granito de las que solo permanecen tres en su posición original, ya que el resto ha desaparecido por la erosión del mar pese a encontrarse algo apartada, hoy en día, de la zona intermareal.

La segunda es la que posee un mayor valor arqueológico. Se encuentra en la playa sur del islote, sepultada bajo más de dos metros de arena. Es un extraño monumento de solo siete metros de diámetro formado por un pequeño túmulo recubierto también de coraza pétrea, con las piedras de la periferia de mayores dimensiones. En su centro una veintena de pequeñas losas de granito formaban una cámara sepulcral de planta levemente oblonga que seguramente se cubría con materiales perecederos. En ella se localizó una especie de ajuar formado por varios vasos de cerámica, algunos con una decoración incisa que los arqueólogos denominan Penha, datada en la etapa final del neolítico. López destaca que su forma se parece mucho a otras estructuras localizadas en el norte de Portugal y que tiene la particularidad de que "las piedras que la conforman son más pequeñas de lo habitual en otras mámoas".

El mar fue el responsable de que se descubriese la mámoa número 3, que se encuentra situada entre las dos primeras. En principio, López apunta que la zona que se encuentra cubierta de arena está bien conservada. Está formada por cinco losas de granito clavadas en la arena y se encuentra a tan solo cinco metros de donde se excavó en los años 80. Por aquel entonces no fue localizada, lo que da una idea a los investigadores actuales de "cómo ha trabajado el mar en esa zona en la retirada de la duna".

Documentada por Manuel Rey en su expedición, la mámoa 4 nunca llegó a excavarse aunque si se tomaron referencias de la coraza de piedras que la recubría. El efecto de las mareas acabó sacando a la luz casi la mitad del túmulo. Presenta una cámara funeraria alargada, casi rectangular, de 2,60 metros de largo por 1,50 de alto y un ancho desconocido, ya que más de la mitad sigue sepultada bajo la tierra. Está formada por tres losas de granito en su lado visible y una cuarta a la derecha, que hace de cabecera. Se ve también una quinta losa que podría ser la puerta. En 2011, la Consellería de Cultura y la Dirección de Costas del Estado decidieron buscar una fórmula para tratar de protegerla del efecto de las mareas, instalando un muro de contención. "Esta iniciativa ha funcionado bastante bien, ya que la protegió de los temporales, aunque en la última visita que realizamos en el mes de marzo, un lateral ya mostraba los efectos de la erosión del mar", indica López.

La última de las mámoas localizadas, la número 5, ya no existe. El mar se encargó de destruirla por completo, por lo que los investigadores solo tienen referencias fotográficas de la misma. En 2005 se documentó el afloramiento de dos losas graníticas que estaba en la playa oeste, casi en el istmo en que se divide la superficie de Areoso. Seis años después, habían desaparecido más de 40 centímetros de arena y podía verse la estructura de la mámoa en la zona intermareal, lo que permitía apreciar un túmulo de unos 9 metros de diámetro, recubierto de una coraza de piedras de granito de las que solo conservábamos el anillo exterior, cubierto de una coraza de piedras de las que solo se mantiene el anillo exterior, pero cuando comenzó el trabajo actual, apenas quedaba rastro de ella.

Además de las mámoas también hay constancia de la existencia de dos cistas funerarias. Una de ellas desapareció por completo en 2011, también por la erosión provocada por el mar, mientras la otra, una pequeña caja de piedra, todavía se conserva.

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