Solo medio centenar de personas respondieron ayer al llamamiento del Concello de O Grove para llevar a cabo una jornada de restauración ambiental del istmo de A Lanzada. Aunque la cifra no está mal, para lo que suele ser habitual en este tipo de experiencias, no es menos cierto que eran menos voluntarios de los esperados, por eso la actividad de recogida de basura se centró en el cordón dunar, por aquello de que era la única vez que estaba justificado pisarlo.

Con apoyo de una decena de miembros del Colectivo Ecoloxista do Salnés, los participantes en esta experiencia pudieron constatar que en la arena, en medio de las dunas, en la zona de baño y entre la vegetación de ese privilegiado espacio natural hay una gran cantidad de desperdicios que, lógicamente, proceden casi en su mayoría de la actividad humana.

Tras una soleada pero gélida mañana de participación activa, los colaboradores de esta atractiva campaña de concienciación, divulgación y preservación del medio ambiente lograron retirar plásticos, bricks, botes y otros elementos reciclables "para llenar tres contenedores de mil litros de capacidad cada uno, además de llenarse otro con diferentes tipos de residuos", indica el concejal de Medio Ambiente, Alfredo Bea García.

Fue él, precisamente, quien impulsó esta iniciativa y apeló a la concienciación e implicación ciudadana. "No nos podemos quejar de la participación porque fue una mañana muy fría", se limitaba a decir el edil cuando era preguntado en relación con el nivel de participación.

Lo cierto es que, cabe insistir, acudió mucha menos gente de la que sería deseable, sobre todo porque desde el Concello se hicieron infinidad de llamadas telefónicas, se enviaron correos electrónicos de invitación, se contrató a un coche con megafonía para que anunciara la cita y se escribieron 1.500 cartas para pedir la colaboración de asociaciones de vecinos, colectivos empresariales, entidades culturales, clubes deportivos y centros de enseñanza.

Independientemente de que también podrían acudir pescadores, bateeiros y mariscadores, pues igualmente contribuyen a ensuciar espacios naturales y paisajísticos como éste. La prueba es que, según Medio Ambiente, el 80% de los desperdicios recuperados proceden de la actividad pesquera.

Pero solo había 50 colaboradores, por lo que, evidentemente, la respuesta fue mucho más pobre de lo que cabría esperar.

No obstante, si hay que quedarse con algo positivo hay que destacar tanto la colaboración Concello-ecologistas como la presencia de media docena de niños que quisieron acudir a la cita en compañía de sus padres y que, de este modo, empiezan a concienciarse sobre la necesidad de proteger el ecosistema. - implicar a los jóvenes es uno de los principales objetivos de este tipo de experiencias.

Todo empezó al filo de las diez de la mañana, cuando en el aparcamiento central ya esperaban los contenedores y los técnicos municipales de Medio Ambiente y de Deportes, Francisco Meis y Quito Parada, respectivamente, provistos de bolsas de plástico, guantes y todo cuanto pudieran necesitar los voluntarios que se decidieran a asistir. A eso de las diez y media ya había alrededor de treinta, incluidos el concejal Alfredo Bea. Tras recibir las oportunas explicaciones, los voluntarios se distribuyeron en grupos, de tal forma que cada uno de ellos estuviera dirigido por algún representante de los ecologistas, pues son los que mejor pueden conocer la flora y la fauna del istmo, y los que más precauciones pueden tomar para evitar su deterioro.

Y así, como un pequeño ejército de hormigas en medio de la inmensidad del istmo, se pusieron en marcha y avanzaron metro a metro a lo largo del tramo comprendido entre el aparcamiento central y el entorno del centro vacacional.

A lo que menos atención se prestó esta vez -hay que repetir que a causa de la escasez de efectivos- fue a la playa, ya que sobre ella puede caminarse en cualquier otro momento, y quizás la semana que viene empiece a actuar ya la maquinaria para dejar a punto el arenal para Semana Santa. Por eso toda la atención esta puesta en el cordón dunar, constatándose una vez más que su regeneración natural es buena y que las dunas avanzan a buen ritmo, pero también que hay demasiada basura en un lugar al que nunca tendría que haber llegado.

Durante horas los participantes disfrutaron del ejercicio físico, del contacto con la naturaleza y, sobre todo, de una loable causa, como es recoger botellas, plásticos, redes, latas de refresco, botas de goma, cuerdas y todo tipo de aparejos, palos y cacharros que se encontraban sobre la arena y entre la vegetación.