Mujeres completamente desnudas a excepción del burka que les tapa la cabeza, bellezas de molde con la piel tatuada con los logos de conocidas marcas o la conmovedora soledad de una joven prisionera del abandono. La pintura plena de tensión, humor y diversidad de Teresa Brutcher es la protagonista de la exposición puertas adentro de la galería Borrón 4 de Cambados, una oportunidad para aproximarse al complejo universo pictórico de la artista estadounidense afincada en Pontevedra.

—¿Qué presenta en su nueva exposición?

—Es una selección, obras escogidas de varias series de los últimos años y en los que se abordan varios de mis temas más recurridos como es el de la vejez, la soledad de la vejez o el compañerismo en la vejez, un terror que tengo siempre es pensar en que la vejez puede ser un momento de nuestra vida en el cual podemos encontrarnos completamente solo, me da absoluto pavor y mis terrores los pinto.

—¿Teresa Brutcher utiliza el arte para exorcizar sus demonios?

—Si, para mi la pintura es un modo de exorcizar los terrores, por eso los pinto. Y también en la exposición estará otro tema que me preocupa y que es el culto al cuerpo, en la muestra habrá trozos de esa serie concebida inicialmente para su exhibición en Alemania, son "cuerpos danone", obras en las que se aborda esa fascinación que tenemos hoy en día por lo que aparentamos en la superficie, a costa claro de olvidarnos de lo más importante, lo fundamental, que es lo que tenemos por dentro.

—En su obra ha abordado el cuerpo desde diversas perspectivas: la ocultación (dedicó una serie a los burka), la exhibición, el erotismo...

—Si, vuelvo siempre sobre el tema del cuerpo como mi paisaje favorito. Y también en esta ocasión presentaré parte de una nueva serie que efectivamente también me fascina y que es el erotismo: hay muy pocas cosas en esta vida que nos pueden salvar, que nos pueden ayudar y hacer felices siempre a pesar de las muchas vicisitudes que estemos pasando, a pesar de lo feo que es el mundo que nos rodea, el erotismo, el amor y el compañerismo con la persona más cercana a nuestro corazón siempre ejerce esa magia de salvarnos. Así es que de nuevo vuelvo a ese tema de lo erótico, de lo bello.

—¿Una de las paradojas de esta sociedad es lo hipersexualizada que está y al tiempo lo alejada que vive de una sexualidad o de un erotismo más tierno?

—Si, creo completamente que eso es una tristeza, por eso siempre que toco el tema me planteo que volvemos siempre a esa concepción del ser humano como florero y así se cae en ese modo de ver incluso el erotismo. Y efectivamente hemos abandonado por completo la ternura, que es lo esencial para que se produzca el verdadero erotismo, al menos uno real, que valga la pena y que no sea simplemente un servicio más de consumo, porque este tipo de erotismo que se nos vende actualmente está acompañado siempre desde mi punto de vista de una suma soledad. Y vuelvo a reiterar, para mi supone un pánico en cualquier momento de la vida que un ser humano pueda encontrarse completamente solo y aislado a pesar de estar rodeado por miles de personas.

—¿Somos grandes solitarios?

—Solitarios y prisioneros. En la exposición también irá un cuadro de la serie prisioneros, uno solo como representante de ese momento, que es un tema que surge de la soledad, de la idea de que el ser humano a veces está metido en algo mucho peor que en una prisión, está preso dentro de si mismo con la soledad más absoluta que puede haber, más intensa incluso que la que puede haber en una prisión de verdad.

—¿Qué papel desempeña el humor en su obra?

—Un papel muy relevante, siempre ha estado muy presente porque el humor también nos salva (risas) entonces en esta exposición irán obras en donde, por ejemplo, aparece una chica apoyada en el alféizar de la ventana, se la ve desnuda de cintura para arriba. Lleva una flor y un abanico y a la vez se ve en el pecho la marca que ha dejado el abanico en la piel porque se ha dormido al sol, es un guiño al humor.

—Ha hecho siempre una pintura más comprometida y parece que sentía la necesidad de tratar un tema más amable

—De vez en cuando necesito escapar de mi misma (risas) y tocar los temas que creo que nos salvan y nos pueden hacer sonreír en este mar de miseria en el que vivimos, porque realmente este mundo es un lugar muy triste para millones de personas. Resulta imposible olvidar ese hecho, pero a veces se necesita una gota de humor para sobrellevarlo.