Si tuviésemos que identificar a Nadal con una sola imagen que describiese su portentosa e inimaginable carrera, seguramente elegiríamos aquella en la que se le arrodillado sobre su tierra de París, con la raqueta entre las piernas y cara de felicidad plena. Volvió a suceder porque hay cosas y tradiciones que ni tan siquiera una pandemia es capaz de cambiar. El 11 de octubre de este año Rafa Nadal sonreía feliz como un niño, por un éxito que, difícilmente, pueda volver a verse en esta centenaria central Philippe Chatrier que conserva desde 1928 ‘L’Esperit du tennis’, dicen los franceses. Si hay alguien que lleva ese espíritu especial en su corazón se llama Nadal. Su decimotercera corona en la arcilla de París, su vigésimo grande para igualar en esta pelea de gigantes con Roger Federer que, lesionado en su casa, asistió a un nuevo recital de quien es su amigo, su rival y también su demonio, ese que trata de ganarle la carrera por la eternidad, por ser el tenista que a lo largo de la historia conquiste más torneos del Grand Slam.

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Final de Roland Garros: Novak Djokovic - Rafa Nadal

En un Roland Garros desconocido para Nadal desde que ganó el primero en el 2005, bajo unas condiciones que no ayudaban a su estilo de juego, el tenista mallorquín impuso su ley con una autoridad inesperada. Ni el frío, ni las nuevas bolas que parecían diseñadas para convertirse en su antídoto, ni el nuevo techo o la pista pesada a causa de la humedad, han impedido que Nadal abrazara, con su máscara rosa, la Copa de los Mosqueteros, como si fuera su pequeño hijo.

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Los 20 Grand Slams de Rafa Nadal

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Las condiciones no eran las mismas que en junio pero en Roland Garros la tierra sigue siendo roja y la bola redonda. Las circunstancias han cambiado en el frío octubre parisino pero la actitud de Nadal no. Eso nunca cambia. Y esa voluntad de superación le dio una de las mayores alegrías de su vida. Un triunfo incontestable en un año muy complicado para él. Reconoció que también le afectó la pandemia, que se resintió psicológicamente y que por momentos pensó que la temporada estaba perdida, que no tenía ganas de entrenar sin un calendario concreto delante, sin un plan. Pero cuando se reanudó la actividad esa luz que hay dentro de él, que le activa, volvió a encenderse. Renunció al Open USA debido a la situación sanitaria que vivía Estados Unidos y a lo corto de su preparación. Enfocó todo el año con la idea de presentarse en París en condiciones de ser fiel a él mismo, a su trayectoria. Y pese a las condiciones adversas, a fuerza de exigirse, Nadal terminó por encontrar su genio. Djokovic, favorito en la final, fue devastado por una fuerza de la naturaleza que entonces, ya sí, pudo volver a arrodillarse sobre esa tierra que solo le pertenece a él.

Nadal: "Me gustaría que me recordasen como una buena persona" Jordi Cotrina | El Periódico de Catalunya