Un año de retos y de cambios en la Autoridad Portuaria. Ha sido todo un desafío sobreponerse a los efectos de la pandemia –que dejó bajo mínimos las cifras de actividad en los muelles vigueses en los meses del confinamiento– en un ejercicio que concluye con el relevo en el sillón presidencial de Praza da Estrela. Enrique López Veiga deja atrás cinco años en el cargo y da paso al exconselleiro de Sanidade, el baionés Jesús Vázquez Almuiña. Su llegada al puesto coincide con un salto cualitativo en la relación del Puerto con la ciudad con tres obras que dejó encauzadas su predecesor y que supondrán, previa inversión de más de siete millones de euros, una remodelación prácticamente integral de la fachada portuaria en Beiramar. Se trata de la reparación de la pasarela de madera hundida en el accidente del Marisquiño, así como su entorno, por unos 3,2 millones de euros; la mejora del enlosado de Beiramar, con un tramo de carril- bici, por 1,7 millones; y la ejecución, por 2,1 millones más, del carril bici por la fachada marítima a lo largo de 1,1 kilómetros desde Praza da Estrela hasta la altura de la calle Coruña. Las tres actuaciones comenzarán su ejecución en cuestión de semanas.

El año 2020 se despide con un balance de tráficos más que positivo, incluso mejor de lo esperado en mitad del ejercicio, cuando el coronavirus había trastocado por completo la actividad portuaria. Todavía quedan efectos pendientes de desaparecer, en especial en cuanto a las escalas de los cruceros, totalmente anuladas desde hace meses. Si nada se tuerce, podrían regresar en marzo de 2021, justo un año después del atraque del último trasatlántico.

La condición de motor económico de Vigo y su entorno se ha puesto de manifiesto durante este año, con cifras de tráfico similares a las del 2019 pese a la pandemia. En esa recuperación en la segunda mitad del ejercicio ha tenido especial protagonismo el sector del automóvil. PSA-Vigo cierra el año con una producción de 497.000 coches, un 22% más que en 2019, lo que supone un hito histórico si se tiene en cuenta que la factoría de Balaídos cerró sus instalaciones durante dos meses por culpa de la pandemia. A partir de su reapertura, a mediados de mayo, la producción se intensificó, con su consiguiente reflejo en la terminal de Bouzas del Puerto de Vigo. Si en mayo el tráfico de automóviles en sus muelles caía más de un 80% con respecto al mismo mes de 2019 y en esos cinco meses el descenso global superaba el 23%, la reactivación posterior no solo permitió enjugar ese déficit en un tiempo récord, sino que llevó a mejorar cifras. En esta escalada también ha tenido que ver, en el tramo final del año, la entrada en vigor del Brexit (el 31 de diciembre), con un aumento de las exportaciones al Reino Unido (crecieron casi un 50% en noviembre) para evitar los aranceles que se aplican desde 2021.

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Otro puntal de la recuperación portuaria post-COVID viene determinado por la fruta, un tráfico que se estrenó en 2020 de forma continuada y constante. Las cifras son elocuentes. Se ha pasado de apenas 1.100 toneladas mensuales en 2019, a cerca de 11.000 cada mes de este año. Es un crecimiento del 900%, otro hito que ha permitido compensar descensos (entre el 25 y el 35%) en otro tipo de mercancía, como pasta de papel, pizarra o vino.