La pandemia COVID ha vuelto a poner en jaque a la cultura gallega cuya realidad y expectativas han caído recordando o incluso superando en algunos parámetros a la anterior crisis de 2008. Agentes del sector se quejan de la “situación de peligro” que viven. Hablan de la necesidad de un plan de rescate desde la Xunta o el Gobierno español aprovechando los fondos europeos que están pendientes de llegar. De lo contrario, temen que desaparezcan numerosas empresas de artes escénicas, editoriales, así como proyectos artísticos de diversa índole.

El confinamiento fue el punto de partida de una gráfica con una curva que amenaza con descarrilar. Las medidas restrictivas en municipios por la situación sanitaria, la disminución de los presupuestos de las familias destinados a cultura y la reducción de la oferta de espectáculos han puesto la zancadilla al sector en los últimos meses sin un horizonte de futuro optimista.

En junio, superado el confinamiento, se evidenciaba ya el impacto negativo sobre el empleo del sector cultural al bajar un 6% las cotizaciones a la Seguridad Social, según un estudio del Observatorio del Consello da Cultura Galega. No hay indicios de que las cifras del segundo semestre mejoren, con todas las ciudades y principales villas más pobladas en Galicia, afectadas por cierre perimetral y limitación de horrios y movimientos.

De marzo a junio, ante el cierre de teatros y auditorios, la cultura gallega fue encontrando su espacio en las redes sociales e internet con shows o monólogos como el de Touriñán y David Perdomo en Instagram; donde también se pudieron seguir conciertos como los de Fon Román o Andrea Pousa, entre otros.

La práctica totalidad de las actividades se ofrecieron de manera gratuita como el visionado de películas del Novo Cinema Galego en su canal. Los creadores no recibieron por estos trabajos compartidos con su público dinero a pesar de ayudar a respirar a la población con su arte.

Casi ninguna iniciativa impuso entrada. La excepción fue la representación de “Somos criminais” el 6 de junio con Carlos Blanco y Xosé Antonio Touriñán vía internet haciendo historia al ofrecer la primera obra teatral del país gallego en emisión de pago por la Red. Más de diez mil personas la siguieron con 3.350 entradas adquiridas: un éxito, aunque aislado. Los artistas dudan de que recurrir a este formato de forma continuada sea viable.

Más complicado lo tuvieron los festivales y ciclos musicales. Una parte alteraron sus fechas o retrasaron su celebración a finales del verano. Vive Nigrán, por ejemplo, fue uno de los que apostó por celebrarse en julio aunque con un formato reducido. Momentos Alhambra Acustiquísimos decidió mantenerse en diciembre.

Izal, en el TerraCeo del Auditorio Mar de Vigo JOSÉ LORES

Otros programadores crearon iniciativas especiales como el ciclo de conciertos TerraCeo del Auditorio Mar de Vigo que colgó el cartel de entradas agotadas en gran parte de sus directos, obligando incluso a ofrecer sesiones dobles, siempre con distancia de seguridad, con público sentado y con mascarilla al aire libre la mayoría de las ocasiones.

Sin embargo, otras citas como Estrella Galicia Sinsal San Simón ni siquiera publicaron fechas.

Un tercer grupo como el Resurrection, PortAmérica u O son do camiño tuvieron que aplazarse al año próximo. Los eventos de gran formato no podían permitirse el lujo de celebrarse en pequeño formato ante la imposibilidad de cubrir costes o pagar cachés.

Eso sí, el Resu ofreció una oferta online con conciertos y documentales en YouTube con entrada gratuita y otra de pago para recaudar fondos para Cruz Roja o el Banco de Alimentos.

Ante la inactividad, el sector cultural ha protestado a través de la plataforma estatal, con presencia en Galicia, Alerta de Luto que tiñó de negro espacios como O Obradoiro para dar la señal de alarma de que el sector de los espectáculos está de funeral, en KO técnico.