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La amistad no entiende de edades

La fundación Grandes Amigos une a personas mayores y voluntarios para combatir la soledad no deseada

Usuarias y voluntarios de Grandes Amigos meriendan juntos en una cafetería del Calvario. // José Lores

Usuarias y voluntarios de Grandes Amigos meriendan juntos en una cafetería del Calvario. // José Lores

La soledad no deseada es una de los grandes problemas de la tercera edad y para amortiguar su impacto trabajan asociaciones como Grandes Amigos, una fundación que abrió su delegación viguesa hace ya cuatro años.

"Nuestro objetivo principal es mejorar la calidad de vida de las personas mayores, principalmente de aquellas que están solas y a quien les viene muy bien ampliar su círculo social y formar parte activa de su barrios", explica la responsable de la delegación viguesa, Laura Carballa, quien puntualiza que con su labor, la fundación también quiere regenerar las redes de cercanía vecinales donde los mayores vuelven a ser protagonistas.

Grandes Amigos cuenta con la colaboración del concello, con cuyo departamento de Benestar Social trabaja de forma coordinada. Sus usuarios también llegan derivados de los trabajadores sociales de otros servicios públicos, como los centros de salud, "siempre previo consentimiento del mayor, que a veces es quien viene directamente porque nos ha conocido en los medios o gracias a alguna campaña informativa que hemos realizado". Así conoció la fundación Francisca Vázquez. "Llevo solo cuatro meses pero ya es una cita imprescindible", afirma. A sus 85 años, visita la peluquería antes de las meriendas de los jueves, donde con otra docena de usuarias y voluntarios se reúne en una cafetería del Calvario. "También soy usuaria de Ategal, donde voy a clases de memoria y de pintura", relata.

Si los mayores conforman la columna vertebral de Grandes Amigos, los voluntarios son las piernas sobre las que se levanta la fundación. Son ellos quienes visitan a los mayores una vez a la semana durante dos horas, dentro del programa Acompañamiento afectivo, y quienes los acompañan en las salidas culturales y de ocio propuestas por la entidad. Además, pueden proponer nuevas actividades, como las meriendas de los jueves. "Es una forma de que los mayores se encuentren con personas de su edad y hablen de cualquier cosa que les interese. Y para nosotros los voluntarios también es interesante, ya que si llevas mucho tiempo acompañando a una persona, los temas de conversación se van agotando", explica Luisa Covelo, la voluntaria que organiza estas reuniones.

"Lo que buscamos es que se genere entre el mayor y el voluntario una relación de afecto, que rompan su rutina y que vayan conociendo cada vez a más gente, lo que repercute en el estado anímico y también físico, ya que muchos mayores no se sienten con la autonomía suficiente para salir solos de casa", explica la responsable de la fundación.

Es el caso de Teresa Carmen Folgar, que a sus 88 años declara que antes de conocer Grandes Amigos "solo hacía aburrirme en casa desde que me quedé viuda, hace 6 años". Entre las risas de sus amigos, no pierde la ocasión de pedirle a Amancio Ortega a través de estas páginas "que nos regale un local grande para hacer más actividades". Al igual que ella, Rosa Román también tiene hijos y nietos pero vive sola, y aunque antes de conocer la asociación salía con un grupo de amigas, "no lo hacía tan a menudo como lo hago ahora, que no me pierdo una".

El 80% de las personas mayores que acuden a Grandes Amigos vive en sus domicilios. El 20% restante, en residencias. "La soledad no es estar físicamente solo. Aunque estés rodeada de gente, también te puedes sentir sola y esto es lo que detectamos muchas veces en los centros geriátricos, donde están sentados unos al lado de otros pero al final casi no se comunican muy entre ellos. Por eso, la intervención de los voluntarios también consigue generar grupos y nuevas relaciones", apunta Carballa.

Junto a ella se encuentran Sabela Montenegro y Rafa Fontán, quienes aunque llevan apenas un mes como voluntarios, se muestran muy satisfechos con la experiencia. "Creo que es algo que aporta a ambos partes, tanto a la persona a la que acompañas como a ti mismo", declaran.

Los interesados en colaborar con Grandes Amigos pueden contactar con la fundación en www.grandesamigos.org o en el teléfono 886 12 71 81. Estas también son las vías para inscribirse en las sesiones informativas que organizan regularmente, la próxima el 11 de noviembre, a las 11.00 y ya las 17.00 horas. Tras esas reuniones donde conocen la mecánica de la asociación, sus responsables les hacen una entrevista para conocer mejor su personalidad, sus aptitudes, sus gustos y su disponibildiad. "A partir de ahí vemos con qué persona mayor compaginan mejor y ya hacemos las presentaciones".

Así es como llegó Carlos Comesaña a ser voluntario hace poco más de tres meses. "Viví muchos años con mi madre y estaba acostumbrado a cuidarla. Cuando falleció, me encontré solo y decidí unirme a Grandes amigos, donde ayudo y me ayudan".

Las mujeres, mayoría

Actualmente son casi 70 los voluntarios que forman parte de la fundación, la más joven de 16 años y algunos de casi 80. "Las mujeres son mayoría pero últimamente se están apuntando más hombres", explica la responsable de Grandes Amigos. En el caso de las personas usuarias, más de 70 actualmente y con una media de edad de 83 años, sí que las mujeres son amplia mayoría, aproximadamente un 85%. "Creo que ellas aceptan de mejor agrado la ayuda y son más comunicativas a la hora de expresar esos sentimientos de soledad. Además, también influye el factor edad, ya que vivimos más años".

Desde una esquina de la mesa, Guadalupe Costas, de 81 años, y Pilar Cao, de 73, corroboran el sentimiento general de los allí presentes: "Lo que más nos gusta es conocer gente, hablar, tomar un café, relacionarnos con personas de todas las edades... Pon ahí que nos hacen falta más jóvenes, que nos cuenten sus experiencias y a la que les podamos contar nosotros las nuestras", señala Pilar, quien tiene muy cerca a la voluntaria que la acompaña desde hace casi cuatro años, Rosa Sestelo. "Tiene una vitalidad tremenda y no deja de implicarse en un montón de asuntos", apunta 'Rosamía', el apelativo cariñoso que le ha puesto su amiga.

Vivan en sus domicilios o en residencias, tengan o no familia, todas las personas mayores que lo necesiten pueden acudir a Grandes Amigos para combatir la soledad no deseada. "Estar sola afecta al estado anímico y a la autoestima, y también al estado físico por no salir de casa y dejar de moverse. En el seguimiento que hacemos siempre notamos cambios muy grandes en poco tiempo", apunta Laura Carballa, quien explica que desde la fundación también trabajan para romper el estereotipo que persigue a los mayores. "En el imaginario de la sociedad se los visualiza de una forma bastante negativa. Por el contrario, nuestra experiencia nos dicta que les encanta hacer cosas y no hay planes a los que no se apunten. Tienen muchísimo que aportar a la sociedad y quieren hacerlo, además".

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