07 de septiembre de 2017
07.09.2017
Claves

Pautas para una sana alimentación en el bebé

Los primeros mil días de comidas del bebé son vitales para su alimentación y salud futura

07.09.2017 | 20:51
Seguir unas rutinas desde el inicio es esencial.

Los expertos determinan que los primeros mil días de la alimentación del bebé son vitales para su alimentación y salud futura; incluido el periodo en el que se encuentran en el útero materno, donde ya aprenden a distinguir sabores, según asegura en una entrevista con Infosalus la profesora titular de Pediatría y coordinadora de la Unidad de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Clínico de Santiago, Rosaura Leis.

La experta en nutrición infantil detalla que la alimentación del bebé sufre un proceso de cambio desde el mismo día en el que nace hasta que éste cumple los dos años. Así, a lo largo del primer año de vida las recomendaciones alimentarias y nutricionales van variando a medida que el niño crece y se desarrolla. De alguna manera, esta evolución también responde al desarrollo o coordinación de los tres aparatos o sistemas más implicados en la nutrición del lactante: el digestivo, el renal y el nervioso.

La también coordinadora del grupo de Nutrición pediátrica de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica distingue, dentro del primer año de vida del bebé, entre el primer semestre y el segundo: "En los primeros seis meses la leche debe ser el único alimento y, la prioridad es la leche materna, que aporta todos los nutrientes necesarios; si bien es cierto que a partir de los 4 o 5 meses, y en función de las temperaturas y de otras situaciones especiales se podría ofertar agua al bebé, pero en principio la leche de la madre le aportaría todos los nutrientes necesarios. Cuando no es posible leche materna hay fórmulas adaptadas de inicio que aportan también los nutrientes necesarios".

Entre los 4-6 meses, especialmente a partir del sexto mes, Leis indica que "la leche es insuficiente para cumplir las recomendaciones de ingesta de nutrientes", y por ello se hace necesario dar otros alimentos. Se iniciaría así el período de introducción de la alimentación complementaria, en el que la leche continúa siendo el alimento principal. "Progresivamente se irán introduciendo distintos alimentos a la dieta del lactante, tanto sólidos como líquidos. La leche de la madre es el alimento recomendado y cuando no es posible, hay que emplear las fórmulas adaptadas de continuación, que también cumplen los requerimientos del lactante", añade.

Al final del primer año deben estar introducidos todos los alimentos y se comienza con el periodo de 'adulto modificado', es decir, el niño está incorporado a la mesa familiar pero con modificaciones en la textura y el cocinado de alimentos, las texturas se hacen progresivamente más duras y los trozos más grandes. "En el momento actual es un período de riesgo nutricional, ya que la mesa familiar no siempre sigue las recomendaciones de una alimentación saludable", explica la experta en nutrición pediátrica.

Cómo debe ser una alimentación saludable


A su juicio, la alimentación saludable de un niño a partir de los dos años debe cumplir las recomendaciones de la pirámide de alimentación saludable y bioactiva, que indica la cantidad y la frecuencia con la que se deben dar determinados alimentos:

- En la base están los alimentos que deben consumirse con más frecuencia y cantidad, más número de raciones. "Desde pequeños la constituye la actividad física. Debe considerarse como parte de los estilos de vida saludables. La actividad física tiene que estar incorporada a la vida de nuestros niños y deben practicarla a diario. Después, se encontrarían los cereales, fundamentalmente integrales. Deben consumirse a diario y en un número importante de raciones, cuyo tamaño varía en función de la edad del niño", agrega.

- A continuación, las frutas y verduras: "Consumir tres raciones de fruta al día y dos de verduras", indica.

- A su vez se encontrarían los lácteos, también de consumo diario, y en número de tres raciones (leche y derivados).

- En un escalón superior, el pescado, la carne, los huevos y las legumbres. A lo largo de la semana hay que tomar tres raciones de pescado y otras dos o tres de carne; mientras que los huevos y las legumbres unas tres veces a la semana.

- Y en el vértice de la pirámide, representando un consumo excepcional los alimentos ricos en sal, azúcares y grasas saturadas, como embutidos, la bollería industrial, bebidas con azúcares añadidos, o precocinados. "Actualmente, la pirámide de consumo alimentario está invertida y estos alimentos que se deben consumir excepcionalmente forman parte de dieta diaria de nuestros niños desde edades cada vez más tempranas", lamenta Leis.

Igualmente, la pediatra de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica resalta que en la pirámide el agua debe ser la bebida para los niños. Los zumos naturales, que no tienen azucares añadidos, forman parte también de la pirámide, aunque la experta aconseja que se tome mejor la fruta entera, puesto que aporta más fibra que en forma de zumo, además de que ayuda a la masticación del niño.

Alimentos de temporada


Así con todo, Leis resalta que siempre las mejores frutas y verduras serán las de temporada, especialmente en el verano, puesto que cuentan con mucho líquido, como es el caso del melón, de la sandía, o del gazpacho. No obstante, la especialista del Hospital Clínico de Santiago es reacia a que los menores consuman polos o helados puesto que formarían parte de la cúspide de la pirámide antes mencionada. Según resalta, se deben tomar de forma "esporádica", y los postres deben ser siempre fruta. Además, aconseja que las frutas y los lácteos son buenos alimentos para el consumo en las comidas ligeras, media mañana y merienda.

En este sentido, el experto en Nutrición y secretario de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP), el doctor Cristóbal Coronel recomienda que en verano es muy importante mantener las cinco comidas de los niños, dado que hay una mayor actividad física y de otra manera se favorecerá la obesidad.

En el caso de los bebés, menores de un año, aconseja mantener la regularidad de su horario de comida y que éste se vea afectado lo menos posible. "Les afecta muchísimo y más que a nosotros los cambios, por lo que en la medida de lo posible hay que mantener una rutina normal. Es preferible que consuman más frutas, y si no le apetece una comida, por ejemplo porque está caliente y hace mucho calor, probar con otra que esté más fresca y que alimente igual", indica.

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