Entrevista

Juan José Millás: "Vivimos en una sociedad resignada"

El escritor, que acaba de publicar 'La mujer loca', percibe una sociedad "angustiada y con pánico"

29.04.2014 | 15:34
El escritor Juan José Millás.

Escritor. Millás (Valencia, 1946) es autor, personaje y narrador en su última novela, ´La mujer loca´ (Seix Barral). Un "tres en uno" literario que le sirve para indagar en las sombras entre el escritor y el narrador, y en el que concentra algunas de sus obsesiones, desde el derecho a la muerte digna al sentido del lenguaje. En la entrevista, realizada antes de la muerte de García Márquez, sostiene que se pueden soportar otras cosas, "pero la soledad, no".

-Millás es uno de los protagonistas de la novela. ¿A Millás le molesta ser un sustantivo?

-No, es más molesto ser un adjetivo, porque sustantivo viene de sustancia, por lo tanto lo importante en el lenguaje son los sustantivos. Suelo decir a mis alumnos que el mejor adjetivo es un sustantivo.

-¿Y a Millás le gusta el personaje de la novela? ¿Se lleva bien con él?

-Más o menos. Creo que entre el que narra la peripecia y el que la ejecuta se advierten diferencias notables.

-Oiga, ¡qué intolerante e intransigente es el mundo del lenguaje, que no acepta a "pobrema". ¡Una dictadura!

-El lenguaje es un tirano por el que estamos colonizados, pero no lo sabemos. Ningún escritor hablará de la parte que tiene de enemigo, cuando es el que nos conduce a ser esto o lo otro. Somos comunistas o vendedores de pollo porque lo dice el lenguaje.

-Sí y, al final, todos queremos pertenecer a algo, integrarnos, cómo la pobre "pobrema"...

-Todos necesitamos un grupo de pertenencia. Por eso una de las experiencias más dolorosas es la de la soledad. Se pueden soportar otras cosas, pero la soledad, no.

-Igual que puede haber palabras falsas, ¿es usted un hipocondríaco falso?

-Yo creo que sí. Yo no me siento un hipocondríaco, pero es una idea que la gente tiene de mí y, como veo que gusta, la alimento.

-En todo caso, no le aterra la muerte, o la muerte digna, al menos. Otro tema de la novela...

-La muerte no solo no me aterra, sino que muchos días me parece una liberación. Hay días en que leo el periódico y pienso que menos mal que uno se ha de morir. Sí que me aterra una muerte indigna. Por eso soy muy partidario de la eutanasia, porque podemos alargar la vida, pero no hemos mejorado sus instantes finales. Hoy día se están produciendo muertes terroríficas en los hospitales de gente sometida a verdaderas torturas.

-¿La tinta posee virtudes analgésicas, como escribe?

-Sí, porque a través de la escritura te conoces a ti mismo y deshaces nudos muy dolorosos. La literatura es también una forma de anestesia.

-¿La ficción pura ha dejado de ser atractiva literariamente? ¿Esta es una sociedad cansada también de eso?

-Creo que hay un exceso de ficción. La novela es realmente un género viejo que se ha renovado poco, porque no hay mucho donde hacerlo. Eso no quiere decir que a la gente no le sigan gustando las novelas al modo de Galdós, pero creo que uno de los pocos sitios donde meter el dedo es en el espacio del narrador. Es lo que intento en esta novela, porque la gente no se pregunta al leer quién le cuenta y por qué rayos se lo cuenta.

-Es la voz que pasa desapercibida y la que contiene más ideología...

-Se entiende como una especie de artificio necesario, pero a estas alturas del siglo el lector tiene derecho a hacerse preguntas sobre él.

-¿El rasgo principal de estos tiempos es el de ser una sociedad cansada?

-Más que cansada de todo, resignada, angustiada y con pánico.

-¿Pánico a qué?

-Al mañana, al futuro, a no saber qué va a ser de tus hijos. Se ha roto una idea establecida según la cual los hijos iban a estar siempre mejor que los padres.

-¿Siente que esta, quizá, ante su última gran novela, como le dice el otro Millás, o eso se siente siempre?

-Siempre que se publica una novela uno se pregunta si será la última y se siente una especie de presión parecida a la posterior al parto. No lo sé, porque todavía tengo esta novela muy pegada a mí y no sé si seré capaz de seguir escribiendo y qué tipo de escritura, porque la cuestión no es seguir escribiendo porque sí, sino teniendo la impresión de que haces algo nuevo y que te metes donde no se han metido otros.

-¿Repetirse no lo contempla aunque sea por lo alimenticio?

-No tiene mucho sentido. Uno no puede ponerse en un proyecto tan largo y complicado como una novela sin la sensación de que va a hacer algo novedoso. Ha de sentarse con la idea de que va a hacer una obra maestra. Luego saldrá la mitad de lo que tenía en la cabeza, pero si parte de una ambición baja está perdido.

-La ambición puede ser forrarse también, ¿no?

-Yo siempre he practicado una literatura que está al margen de eso. No digo que no me gustaría mucho que mi novela se vendiera mucho y forrarme, pero no he practicado un tipo de literatura que tuviera ese horizonte. Ojalá, pero sería raro.

-Compañeros suyos están muy preocupados con la piratería, creen que puede acabar con el oficio de hacer libros al no ser rentable ya para el autor. ¿Usted es tan fatalista?

-La piratería está haciéndonos mucho daño, desde luego. Se venden muchos menos libros y no solo es por la crisis. Entiendo que hay escritores que si no obtienen ningún beneficio les produzca un desánimo que les haga retirarse, pero siempre he pensado que aunque no hubiera conseguido publicar hubiera seguido escribiendo, porque no me imagino sin escribir.

-¿Es usted un intelectual? ¿No son hoy como palabras falsas, seres sin protagonismo social?

-Mire, los novelistas no solemos ser intelectuales. Estos trabajan con ideas y los novelistas trabajamos con obsesiones. Yo no me siento un pensador. Escritor no equivale necesariamente a intelectual.

-¿El periodismo es su oficio y las novelas, su carrera?

-Hay días en que pienso eso y otros en los que creo que es al revés, porque el periodismo tiene una capacidad de supervivencia muy grande. Hay muchos días que pienso que el periodismo está mucho más vivo y fresco que otro tipo de escritura.

-Habla de personajes "porquesí" y "porquenó", pero no son categorías puras€

-Los personajes más convencionales, que aceptan las cosas sin preguntar, son los "porquesí", como el pintor que pinta bodegones y naturalezas muertas. El "porquenó" es el que cuestiona la realidad. El buen artista ha de ser una persona "porquenó", pero es cierto que no somos de un solo bloque, depende de situaciones.

-¿Rajoy es un "porquealgo" de la política?

-Un "porquesí" evidente y sin mezcla alguna.

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