El romanticismo de Woody Allen abre Cannes

El cineasta presenta "Café Society", un ejercicio de cine clásico sobre el Hollywood de los años treinta, recibido con aplausos

12.05.2016 | 04:56

TMás sobrio, y quizá menos cínico que en sus últimas películas, Woody Allen abrió la 69.ª edición del Festival de Cannes con "Café Society", un ejercicio de cine clásico que relata una historia de amor ambientada en los años treinta.

Se trata de la tercera vez, después de "Midnight in París" (2011) y "Un final made in Hollywood" (2002), que el octogenario director neoyorquino inaugura este certamen. Aunque es difícil que a estas alturas una nueva obra del prolífico autor pueda sorprender, "Café Society" -recibida con aplausos- recupera claves del cine de Allen y se sumerge en sus temas recurrentes, como el judaísmo, la religión, la muerte y, por encima de todos, el amor.

"Siempre me he visto como un romántico, aunque las mujeres de mi vida no lo compartan... Si les preguntas a ellas dirán que lo soy, pero no al estilo de Clark Gable, sino como un romántico estúpido", dijo Allen.

El director atribuye esa visión romántica, que proyecta por ejemplo en su visión de Nueva York o de las relaciones amorosas, a la "influencia indeleble" que le causaron las películas de Hollywood en su infancia.

Todo eso está recogido en "Café Society", donde el ambicioso joven Bobby Dorfman (interpretado por Jesse Eisenberg) viaja a Hollywood desde su Bronx natal para labrarse un futuro junto a su tío Phil Stern (Steve Carrell), con quien también compartirá el amor por la bella Vonnie (Kristen Stewart).

Dorfman prosperará hasta hacerse un nombre en la alta sociedad neoyorquina -de ahí el nombre de la película-, pero deberá disputarse con su tío el amor de Vonnie/Stewart, que roba cada plano en el que aparece.

El triángulo amoroso, así pues, está servido. Pero "Café Society" va más allá para dibujar el retrato de una familia judía de los años treinta, con una forma novelesca que la emparenta con la obra de grandes escritores judíos estadounidenses.

En esa familia neoyorquina, los padres del joven Dorfman se asemejan, incluso físicamente, a los del propio Allen, quien recordó cómo se hacían rabiar entre ellos o cómo utilizaban en ocasiones el yiddish para comunicarse. El clasicismo que destila el filme debe también mucho a la fotografía del italiano Vittorio Storaro.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine