Qué ha sido de nuestras vidas 30, 40 o 50 años después de aquel momento estrellado de la infancia en que todo era futuro y el mundo se podía contener en cada pequeña cosa que caía en nuestras manos? ¿Dónde están, qué ha sido de los compañeros de juegos de ese barrio nuestro en el que cada metro encierra momentos irrepetibles de otros tiempos? ¿Quienes ya no están de aquellos con los que jugamos a indios y vaqueros? ¿Es este el mundo en el que un día pensamos? ¿Cómo nos fue en el amor y en los negocios de la vida? ¿Qué fue de nosotros, aquellos que crecimos leyendo a Mafalda y ahora cumplimos 40 años más de vida y resistencia? Circula por la red hace tiempo una emocionante carta de Miguelito a Mafalda varias décadas después, desperdigados por el mundo ya todos los que componían aquella familia gráfica de Quino. "En este día tan especial -escribe Manolito- me acordé de tu cumpleaños, 40 años después. ¡Cómo pasa el tiempo! Nacimos en el corazón de un país que soñaba... ¡Cuántas utopías! ¡Cuántos deseos de crecer, de mejorar las cosas!".
Cada generación tiene su geografía afectiva de la infancia y en ella halló sus referencias morales. A nosotros, como cuenta en su carta Manolito, nos tocó convivir con un tiempo de gente creativa, Martín Luther King, el Che Guevara... pero en todo este tiempo, ¿qué habrá sido de aquella pequeñuela llamada Libertad que encontró Mafalda perdida en una playa? ¿Dónde vive?, se pregunta Manolito. ¿Será cierto que la mataron tras torturarla durante la dictadura o seguirá filosofando sobre la fragilidad de las cosas y el sentido de la vida aquella Susanita que sólo pensaba en ser madre? Cuarenta años después, ¿estará paseando en alguna ciudad de provincias del brazo de un marido bajo, gordo y calvo exhibiendo orgullosa al primer nieto?
El paso de la vida y, marcadas en la piel, las caricias del tiempo, las huellas nobles de la feroz batalla de los años. ¿Y qué pasó entretanto con aquel Manolito, sin más imaginación que la necesaria para ganar dinero? Se lo cuenta en su carta Miguelito a Mafalda: dicen que perdió todos sus ahorros en el "corralito" argentino y no aguantó tanta crisis. Se le vió los últimos días cabizbajo, diciendo incoherencias, abandonado como un mendigo en una estación de trenes, abatido como tantos... No fue esa la suerte de Felipe, ¿os acordáis? Aquel mal estudiante vive en La Habana, tiene un taxi y habla a los turistas de Fidel y los hitos revolucionarios. "¿Y vos, Mafalda?", le pregunta Miguelito 40 años después. "Sé que seguís viva en el alma, seguís escuchando la radio, leyendo los diarios, que te duele Irak como te dolió Vietnam... En fin, el mundo no mejoró mucho desde que vivíamos juntos en nuestra patria. A veces, cuando miro el globo terráqueo encuentro tu mirada".
¿Quién de nosotros no encierra en su vida historias como esa de Mafalda?