Ecoturismo

Una travesía náutica trata de remediar el corazón de una selva asediada

26.04.2008 | 13:39

Una travesía náutica por el río Iguazú, que atraviesa y da su nombre al Patrimonio Natural de la Humanidad que hoy preservan Argentina y Brasil, se reeditó esta semana como remedio ecoturista para el corazón de la asediada Selva Atlántica Paranaense.

El recorrido de 90 kilómetros por el Iguazú ("agua grande", en guaraní) es una de las iniciativas que contribuyen a apartar a la caza furtiva y da lugar a una incipiente economía que respeta a la naturaleza, dijeron los organizadores a Efe, que formó parte de la travesía.

Unas 80 embarcaciones con alrededor de 170 tripulantes sortearon con éxito, pero con magulladuras y picazones de insectos, un viaje de dos días con parada de descanso en plena selva que concluyó en un puesto de Parques Nacionales de Argentina, a 200 metros de la Garganta del Diablo, la cascada más gigantesca y famosa del Iguazú.

La caída de agua de 80 metros de altura, que destaca entre las más de cien que forman las cataratas del Iguazú, "descubiertas" por el español Alvar Núñez Cabeza de Vaca en 1541, atrae a un millón de turistas al año que gastan unos 50 millones de dólares (unos 32 millones de euros) en la zona.

La travesía náutica, que sólo se hace una vez al año desde 2005, apunta a que parte de esos recursos se destine al sustento de campesinos y comunidades guaraníes que viven en la ciudad de Comandante Andresito y sus alrededores, en el linde con la selva protegida.

La Administración de Parques Nacionales argentina "ejerce un permanente control" y esta travesía está "en un período de prueba para determinar la conveniencia de mantenerla en el tiempo", explicó el responsable del Parque Nacional Iguazú, Daniel Crosta.

En Comandante Andresito, punto de partida del recorrido, trabajan agencias de cooperación de España y Japón que contribuyen con planes para el desarrollo del ecoturismo y la producción de alimentos para una relación "amigable" con la selva, apuntó a su vez el secretario de Turismo de la localidad, Marcelo Aap.

Destacó que ya se ha instalado el hotel "ecológico" Caburé Í, que maneja una cooperativa, y muchos cazadores furtivos han comprendido que es más ventajoso proteger a la selva, donde proliferan los venados, los carpinchos, grandes roedores, y los macás, una especie de liebre, cuyas carnes son muy codiciadas.

"Sabemos que varios participantes de la travesía han sido cazadores furtivos y ahora que la conocen mejor quieren más a la selva y han dejado esa actividad ilegal", remarcó.

Acompañados por guardacostas, los navegantes lidiaron con una lluvia pertinaz, con avispas "carniceras" y con las "correderas", como los lugareños llaman a los rápidos del río, acentuados por la reducción de su caudal, que sufre las consecuencias de la regulación de las siete represas instaladas en territorio brasileño.

Pero se solazaron con los gritos del tucán y los vuelos de las tres variedades de Martín Pescador de alas azul acerado, cabeza plateada y pecho blanco, negro o rojo, según los casos, en la captura de peces que osan asomarse a la ribera del río.

También se vieron acompañados por águilas pescadoras, el aullido lejano de monos, el nado sereno de los "lobitos de río" y el vuelo vigilante de los "jotes", una especie de ave carroñera.

La guía de los guardianes del parque mantuvo a los miembros de la expedición náutica a salvo de la amenaza de la gran variedad de serpientes y arañas venenosas que proliferan en la selva.

"Fue una gran aventura, hubo mucha solidaridad y nacieron nuevas amistades", comentó a Efe un piragüista que viajó 800 kilómetros desde su natal provincia de Córdoba (centro de Argentina) para hacer la travesía junto a su esposa y su hija de diez años.

En el Parque Nacional Iguazú de Argentina, de 67.000 hectáreas de extensión, está la mayor parte de la Selva Atlántica Paranaense sobreviviente a la depredación forestal, "pero nadie puede asegurar qué parte es la que aún se conserva virgen", explicó Hugo Chávez, director de Desarrollo Regional de Parques Nacionales.

Chávez destacó que las iniciativas ambientalistas que se llevan a cabo en la zona están apartando a los campesinos del cultivo de tabaco "mal pagado y muy dañino para la selva por el uso intensivo de fertilizantes químicos".

En este sentido, remarcó que "poco a poco" se va expandiendo la explotación de especies de la región, como el arbusto de la yerba mate, con cuyas hojas se hace la infusión homónima de consumo muy popular en el Cono Sur americano, y del tubérculo de la mandioca.

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