30 de octubre de 2016
25 años del Sireno

Francisco Leiro: "Por el Sireno no gané nada, pero le estaré siempre muy agradecido a Vigo"

"Desde el punto de vista mental y físico, y por sus complicaciones técnicas y materiales, esta es para mí la obra que me ha exigido el mayor esfuerzo como artista"

31.10.2016 | 09:20


Francisco Leiro, en su taller de Cambados, con una de las maquetas que conserva del "Sireno".

Francisco Leiro nos recibe en su taller de Cambados y lo primero que notamos es que, frente a los rumores de hombre reacio a las entrevistas, de habitual respondedor con monosílabos del que nos habían hablado, nos encontramos con una total apertura y muy dispuesto a contar "todo lo que queráis" de su Sireno.

– ¿Por qué hubo tanto secretismo en el proceso de creación del Sireno?

–Es que en esa época las cosas se hacían así. Hoy lo usual es convocar un concurso público de ideas y hacer una exposición con los proyectos que se presentan para que, aquellos ciudadanos que lo deseen, opinen. Pero, en el caso del Sireno, como en el de tantos otros, se trató de un encargo digamos que artístico y personal. Además (risas) si llego a "enseñar" el bicho antes, igual al final resulta que no hubiera podido hacerlo. ¡Fíjese que la gente estaba muy mosqueada ya solamente cuando se instalaron las columnas!

– ¿Habría preferido que su obra hubiese pasado por concurso público con refrendo popular?

– Pues le seré sincero: yo no creo en esos concursos ni tampoco en el llamémosle "arte democrático". La gente, los ciudadanos, aunque por supuesto tienen todo el derecho del mundo a opinar, no tienen por qué saber de arte. De arte sabemos los artistas, los estudiosos, algunos críticos...y muy poca gente más. Con esto no quiero decir que la gente sea ignorante; simplemente, repito, que no tiene por qué saber de arte. A mí estos concursos públicos a lo que me suenan es a una especie de "Operación Triunfo"...

– ¿Usted cree que la gente, en general, es hoy más abierta con restecto a sus gustos artísticos?

– No, pienso que no, no se trata de eso. La gente, como ya dije antes, no tiene por qué entender de arte y, por lo tanto, eso de los gustos es muy relativo. Es posible que haya algunas personas, una minoría, que cuando están ante una obra de arte, efectúen una reflexión al respecto pero, en general, que una obra guste o no responde a instintos muy primarios: a la intuición, a la costumbre, a la tradición...cosas que no se piensan, más bien se sienten.

– Ahora hasta hay quien dice que el Sireno es bonito.

– El de la belleza también es un concepto relativo que va mudando con los tiempos. Yo no diría que el Sireno sea bonito, sobre todo su cara, que es fea, muy fea, pero es fea a propósito porque es la cara de un pez, de un "lorcho" concretamente, y las caras de los peces suelen ser, en su mayoría, feas. Otra cosa es el conjunto de la obra que, bueno, sí hay gente a la que le puede parecer "bonita", como usted dice.

– Visto con la perspectiva que dan los años, ¿quizás aquellas críticas negativas, con la obra ya montada, se debieron a que la suya era digamos que vanguardista?

– No lo creo, para nada. Mi "home peixe" , que es de lo más clásico, es, en realidad, un tritón, una figura que se repite hasta la saciedad en el arte clásico. Además yo no soy ni he sido nunca un escultor ultramoderno. De hecho, en mi obra hay mucha tradición, yo recurro mucho a elementos historicistas, con lo cual, en su conjunto, resulta más fácil de entender.

– ¿Entonces cómo se explica tanta crítica?

– Pudo haber varios factores pero, para mí, el principal fue la ubicación. La Porta do Sol era y es un lugar sagrado para los vigueses, por lo tanto que se "tocase" ese sitio, que se hiciese algún cambio allí, lo más lógico es que provocase lo que provocó. Pero ese sentimiento no es exclusivo de Vigo. Lo hay en todas las ciudades, en todos los pueblos del mundo...Por eso, ahora, no me extraña que la gente menor de 25 años lo que considere intocable sea el propio Sireno.

– Como autor quizás no pueda decir cuál es su obra favorita, pero, ¿fue el del Sireno su mayor reto artístico?

–En cuanto al esfuerzo tanto mental como artístico, en cuanto a cuestiones técnicas y materiales, en cuanto al contexto en que se desarrolló todo su proceso, la respuesta es sí, afirmativo. Claro que la expresión "reto artístico" tiene sus connotaciones. Un reto artístico, para mí, también fue por ejemplo "El Astronauta" de Valdemoro.

– ¿Por qué?

–Cuando afronté esa obra, que en principio era el encargo de hacer un "homenaje al astronauta Pedro Duque", me propuse un objetivo: yo quería conseguir hacer una escultura que me gustase a mí, que me causase satisfacción como artista y, al mismo tiempo, que le gustase a la mayoría de la gente. Era como un experimento, un "reto", y creo que lo logré. "El Astronauta" tuvo un éxito popular masivo desde el día de su inauguración.

– ¿Y qué otros "tipos" (como usted dice) de retos ha afrontado?

–Pues, los retos emocionales, por ejemplo. Le podría hablar del "Baco", por aquello de que es la de mi pueblo, de Cambados, pero hay uno que sí que me resultó tremendamente emotivo, que fue el "Homenaxe a Castelao"de la alameda de Santiago. Esa es probablemente mi obra más sentida.Quería reflejar el mismísimo espíritu de Castelao y, al mismo tiempo, del amor nacionalista por Galicia. Quise ser romántico y, al mismo tiempo, efectivo. Por eso la obra está inspirada en un dibujo del propio Castelao.

– Perdone la indiscreción pero, ¿cuánto cobró usted por el Sireno?

–¿Se refiere al dinero? Pues le diré que yo al Sireno no le gané nada, ni un duro: Eso sí, gané una gran satisfacción por ver que mi idea salió adelante y se hizo realidad y, por eso, le quedaré eternamente agradecido al Concello de Vigo y ¿por qué no decirlo? a los todos los vigueses.

– Pues el presupuesto fue de 20 millones de pesetas...¿A dónde fueron a parar?

–En una gran mayoría, al proceso de fundición, y eso que no pude hacer lo que quería al principio....

– ¿Y qué era?

–Pues en cuanto me dieron el OK a mi proyecto, lo que yo quería era que el proceso de fundición se llevase a cabo en Nueva York,en una factoría que yo conocía y que de aquella era la mejor del mundo.

– ¿Y por qué no pudo ser?

– Porque el presupuesto que me dieron era un disparate y, encima, tenía las complicación del transporte. Las piezas en que dividía la obra tenían que ir a América en barco y, una vez fundidas, tenían que regresar, con la figura unida, también en barco. ¿Se imagina lo que hubiese costado todo eso? Habría sido espectacular, claro, pero resultó inviable. Al final todo el proceso físico del Sireno se desarrollo en el cuadrado Cambados-Madrid-Zaragoza-Vigo.

– ¿Y el proceso mental al que tanto se refiere usted?

– Ese sí que tuvo lugar en Nueva York, que era donde yo ya residía en aquella época. Y creo que le vino bien porque tal vez esa lejanía geográfica, espacial, incluso temporal, fue la que me permtió abstraerme de las críticas y centrarme tranquilamente en lo que yo quería, sin injerencias de ninguna clase, en estado libertario, vaya.

– ¿Usted cree que con aquellas esculturas que se erigieron en los años 80/90 Vigo acaso posea ahora mismo el mejor conjunto de arte contemporáneo de Galicia en espacio público?

– (silencio meditativo durante unos segundos) Pues, así, repasando lo que hay en Santiago, en A Coruña...bueno, yo creo que sí, y espero que no me quemen por decir esto en otras ciudades, pero la verdad es que en Vigo en aquella época se hicieron muy, muy buenas obras.

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