30 de octubre de 2016
25 años del Sireno

Cuando el arte se adueñó del debate público en Vigo

FARO DE VIGO siguió con vivo interés la polémica que suscitó en la ciudad la instalación de la escultura y acogió en sus páginas las opiniones enfrentadas de los vigueses

31.10.2016 | 15:59

La instalación del "Sireno" en la Porta do Sol de Vigo generó una gran polémica en la ciudad, una controversia que se prolongó durante semanas y que algunos saludaron con gozo al tratarse de una de las escasas ocasiones en que los vigueses debatían en público sobre cuestiones artísticas.


Así reflejó el humorista Fernando Quesada la controversia sobre el "Sireno". // FDV

Tal vez los siete meses de retraso con que la escultura de Leiro llegó a Vigo tuvieran algo que ver con las reacciones que suscitó su instalación en la urbe viguesa. Los 49 millones de pesetas que costó al erario público ayudaron a agitar el ambiente. Un par de días después de la llegada del "Sireno" apareció una pintada en la que se equiparaba al "bicho metálico" al "mismísimo Satanás". En general, los vigueses reaccionaron en contra del nuevo vecino metálico, aunque no faltaron tampoco sus defensores.

Ángel Ilarri Gimeno, exconservador del Museo de Castrelos, reconocía que, a diferencia de otras obras de Francisco Leiro, el "Sireno" le gustaba, pues "en cierto modo podría simbolizar a Vigo", pero criticaba que estuviese tan alto. El arquitecto José Bar Boo, por su parte, rechazaba la escultura y su ubicación. Tras señalar que era "una estupidez por todo lo alto", argumentaba que "un monumento público no es, no puede ser nunca algo que se deje al criterio del escultor, porque es arquitectura". Y es que Bar Boo había sido el autor del proyecto arquitectónico original para la Porta do Sol. El periodista y crítico de arte Francisco Pablos consideraba al "Sireno" de Leiro como "una obra hermosa", pero se mostraba en contra de su emplazamiento.

Un artículo de Manuel de la Fuente en el que criticaba con dureza al "Sireno" y su ubicación en la ciudad fue el detonante de un vivo debate entre los lectores de Faro de Vigo. Hasta una veintena de cartas en contra o a favor de la escultura de Leiro fueron publicadas por el diario decano durante las siguientes semanas.

El título del artículo de Manuel de la Fuente no dejaba lugar a dudas sobre su opinión: " No al ´Sireno´ ni farrapos de gaita". Así arrancaba el artículo del periodista, publicado en Faro el 9 de noviembre, cuatro días después de la instalación de la escultura: "Cuando su autor escogió el lugar en que debería situarse su escultura, temblamos. Cuando e ese lugar colocaron las altísimas columnas que soportarían aquélla, nos estremecimos. Cuando, casi, casi con nocturnidad y alevosía, la tal escultura fue colocada y vimos de qué se trataba, un escalofrío de indignación recorrió nuestras vértebras".

De la Fuente señala que con el "Sireno" –al que llama gilipollas– se ha " rizado el rizo de la extravagancia y del mal gusto". Y concluye, con ironía, que "en estas páginas se dijo días atrás que la genialidad no se ve desde las calles del Príncipe ni de Policarpo Sanz. ¡Qué pena! ¡Bendita sea la falta de esa visión desde esos puntos y otros!".

La respuesta al artículo de Manuel de la Fuente no se hizo esperar. Cuatro días más tarde, en una carta al Director titulada "Loa ó Sireno", Ángeles González-Alegre salía en defensa de la obra de Leiro, que la compensaba de las otras esculturas instaladas en la ciudad. "Neste sireno que sorprende e asusta de primeiras –escribía–, hai un algo que atrae, que emociona, e pensó que decididamente é o rostro, non gilipollas, senón fondo, oscuro, cecáis asustado dos homes ´humáns´ que dende abaixo o insultan e queren facelo caer. Por iso a altura vaille ben".

Algo con lo que discrepaba ese mismo día otro lector de Faro, Juan Saura Ruiz, que criticaba la ubicación del "Sireno", pues para poder verlo podrían verse dañadas las cervicales. Encuentra la escultura "inoportuna y nada digna". Tras señalar que no tiene belleza la califica con "un rotundo suspenso total".

El 14 de noviembre, otro lector, Luis Peña Méndez, relataba el susto que se había llevado una vecina de la Porta do Sol al abrir el balcón y toparse con el "Sireno", "al que nosotros damos alborozados la bienvenida", concluía.

Los lectores no se andaban con rodeos a la hora de dar su opinión: "No me gusta", titulaba su carta Alberto Álvarez de Lezón. Tras argumentar que un monumento público no puede ser nunca algo que se deje al criterio de un escultor, señalaba que el "Sireno" resulta "horrible por su falta de belleza y armonía de formas, incluido su pedestal". Ese mismo día, 15 de noviembre, Carmen Rodríguez Eicchorn decía que "lo feo siempre es feo, lo haga quien lo haga". En otra carta posterior, la misma lectora insistía en la fealdad del "Sireno", aunque, dirigiéndose a él, no dudaba de su bondad. Eso sí, le recomendaba que cambiase su emplazamiento por "la playa de Sayanes" (donde tenía un chalet Manoel Soto, el alcalde que impulsó los grandes monumentos de la ciudad).

No todos estaban en contra de la escultura de Leiro. Enrique Torres escribía el 16 de noviembre "a favor del pobre Sireno", hacía una reflexión sobre el arte y autores como Picasso, Miró o Tàpies y citaba a Ortega y Gasset: "Dondequiera que las jóvenes musas se presentan, la multitud las cocea". Alfonso Fernández, por su parte, se dirigía con afecto al "Sireno" y hacía la siguiente reflexión: "Agora doume conta de que ese ollar teu non é de ameaza senón de temor. É a cidade que te saúda a ti co seu eterno sarcasmo: benvido". Constantino Vallejo veía en el Sireno "un símbolo de nuestra ciudad; encumbrado en lo más alto; pero ahora, aherrojado al duro suelo, que no le dejan ni volar ni nadar".

A finales de noviembre, Manuel Domínguez arremete contra la escultura de Leiro, a la que califica de "bodrio" y "adefesio", criticando también el despilfarro de millones de pesetas que salían del bolsillo de los contribuyentes.

Los columnistas, en su defensa

También los columnistas de Faro aportaron sus opiniones en la controversia que se vivía en la ciudad olívica. Anxel Vence (16 de noviembre) se sorprende de que en una ciudad de aluvión y de escasa tradición cultural y artística como Vigo hubiese surgido tal polémica sobre la estética a raíz de la instalación "de una escultura levemente vanguardista del cambadés Paco Leiro". Y concluye así su artículo: "Ahora se entiende que Picasso eligiera París para montar su tenderete creativo: aquí lo hubieran corrido a gorrazos".

Varios lectores y columnistas del periódico vieron en el "Sireno" todo un símbolo de la ciudad: en lo alto, pero no le dejan volar.



Con humor se lo toma también Iglesias Viqueira en una última de Faro (19 de noviembre) al grito de "Sireno va". Se plantea el periodista vigués si el Sireno "llegará a inscribirse en la categoría de lo incuestionable, en lo que a Vigo atañe: con el Cristo de la Victoria y el Real Club Celta". Hablando de la altura de su emplazamiento, Viqueira dice que "el pueblo debe ponerse a la altura del arte y no al revés". Por último, señala que "el Sireno solo puede escamar a los contumaces de siempre".

Eduardo Rolland continúa en la línea del humor dos días después para contarnos la verdadera vida del "Sireno" de Leiro, que en realidad se llama Secundino, nació en Salinas del Pisuerga (Palencia) y "tiene un taller textil en Mota del Marqués, provincia de Cuenca. ´La chepa es de nacimiento´, manifestó a los periodistas, ´pero no cobro pensión, porque soy socio del Betis".

Antonio Ojea celebra (25 de noviembre) que el Sireno de Leiro estuviese generando una controversia popular que "nos devuelve al debate de la modernidad". "En fin –concluye–, que la situación resulta esperanzadora. Peor sería que ni Leiro provocase. Sería tanto como decir que la muerte andaba rondándonos (€). Afortunadamente, Leiro está ahí, porque es necesario".

Cuatro días más tarde, Alfonso Álvarez Cáccamo señalaba en las páginas de Faro que el Sireno "lle da personalidade ao centro de Vigo porque é fillo da arte e non da especulación e pertence a todos". Añadía que tiene "un corazón de aceiro inoxidable porque cando Leiro lle deu vida tivo compaixón del e reforzoulle as coronarias, sabedor do lío no que se metía".

Xosé Ramón Pena alude al Sireno en un artículo sobre otro de los debates del momento en Vigo: la ausencia de iluminación navideña. "En calquera outro lugar –escribe– van e poñen medio xardín, mesmo un pelouro –con perdón– e os aplausos enchen prazas e avenidas. Aquí non; tanto ten que sexan Silverio Rivas ou o ´sireno´ de Leiro, a mesmísima Venus de Milo. A sorte está botada: Que para qué serve, que en qué parvadas gastan os cartos".

Dos meses después de la instalación de la escultura, el 16 de enero de 1992, Alfonso Armada escribe en un artículo en Faro que el "Sireno" "é a mellor, a máis despiedada radiografía dese Vigo que vendeu a sua alma ao diñeiro. Ese corpo de paxaro mollado por fueloil de chumbo, feo, nesa porta do Sol espello da nosa vida, incapaz de erguer o voo polo peso dos ideales perdidos".

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