M.F. - VIGO
Una banda delictiva con un claro y único objetivo: ciudadanos chinos residentes en España con un alto estatus dentro de sus empresas y con elevados ingresos económicos. La Policía Nacional ha desarticulado una organización responsable de más de treinta robos de dinero y joyas en domicilios de ejecutivos originarios de China. El grupo, que se movía por todo el país, también actuó en Galicia, donde se le atribuyen cinco asaltos en Vigo, Lugo, Ourense, A Coruña y Santiago.
La operación se saldó con la detención de ocho personas, todas ellas argelinas: seis de ellas residían en Valencia (entre ellos un matrimonio y sus dos hijos) y dos en Barcelona, pero se desplazaban por toda España para cometer unos robos que le depararon un cuantioso botín. Prueba de ello es que en los registros los agentes hallaron 50.000 euros en efectivo, 75 piezas de joyería, 23 relojes, aparatos electrónicos e informáticos, un vehículo de alta gama y hasta una caja fuerte “reventada”. Las investigaciones iniciadas por la Policía Nacional de Asturias y que contaron con la colaboración de las brigadas de Valencia y Barcelona continúan. No se descarta que perpetraran más atracos, pero por el momento a esta banda se le atribuyen 33 asaltos cometidos, además de en Galicia, en Asturias, Madrid, León, Burgos, Granada, Córdoba o Zaragoza, entre otros lugares.
El “modus operandi” de la organización era siempre el mismo. Las víctimas eran elegidas exclusivamente entre ciudadanos chinos con un alto estatus. Una vez fijado el objetivo, eran sometidas a una meticulosa vigilancia para conocer su domicilio y las personas con las que pudieran residir, además de sus costumbres y movimientos habituales. Cuando la banda contaba con toda la información, aprovechaban los momentos en los que no había nadie en la casa para entrar en la misma y apoderarse de los efectos de valor, especialmente dinero en metálico y joyas. La mayoría del botín era enviado a Argelia para darle allí “salida”.
Métodos
Los métodos que utilizaban para franquear las puertas de las casas variaban en función de la dificultad y las medidas de seguridad. Primero intentaban la técnica del “resbalón”, introduciendo un plástico duro entre el marco y la puerta. Si no lograban entrar, utilizaban una palanqueta y, ya como tercera y última opción, recurrían a la fractura del bombillo. La banda se alojaba en la localidad del robo durante unos días hasta perpetrar el asalto.