SOFÍA LÓPEZ - OURENSE
La Audiencia Provincial de Ourense acoge desde ayer el juicio con jurado popular contra Antonio Gali Balaguer, el asesino reincidente acusado de matar en Maside a Aurora da Cunha, una mujer que ejercía la prostitución y de la que solicitó sus servicios la noche del crimen, el 21 de noviembre de 2005. La fiscal solicita 15 años de cárcel por un delito de homicidio, mientras que la acusación particular califica los hechos de asesinato y pide 20 años de prisión. La defensa, mientras tanto, demanda la libre absolución de su cliente, un hombre natural de Valencia que ya fue condenado en 1985 en Zaragoza a penas que suman más de 60 años de cárcel por matar a un hombre con el que convivía y por el crimen de una niña de 11 años de la que también abusó sexualmente. Y hubo más, porque el pasado año fue juzgado en Ourense por intentar acabar con la vida de otra prostituta.
En la vista de ayer por el crimen de Maside –en la que el acusado y el jurado fueron trasladados al escenario del crimen por la tarde–, el imputado declaró que "la agarré por el cuello [a la víctima] para recuperar mi cartera porque me la había robado, pero no creí que la hubiera matado. Esta desgracia fue un accidente". Gali relató con serenidad lo que a su juicio ocurrió aquella noche: "Fui a la alameda de Ourense a buscar una prostituta y al pasar con el coche Aurora me llamó. Me pidió 100 euros, pero pactamos 70 euros. Se subió al coche y se los di". Contó al jurado que estuvieron tomando copas en locales de la capital y que ella, en varias ocasiones, consumió ansiolíticos. Pasadas unas horas, dijo, decidieron ir a un motel de Punxín para mantener relaciones.
"Al llegar me bajé del coche , pero me faltaba la cartera. Volví al vehículo y no la encontré y entonces le dije que la tenía que tener ella, pero en ningún momento discutimos", relató. Según su testimonio, arrancó el coche y la engañó diciéndole que iban a Carballiño a buscar dinero, "pero mi intención era llevarla a la Guardia Civil". En ese momento, añadió, "ella se puso nerviosa y me dijo que quería volver a Ourense. Me agarró el volante y empezó a manotazos, y tuve que desviarme a un camino".
Gali bajó del coche y se dirigió a ella, que estaba de copiloto. "Tenía la cartera dentro del pantalón, entre las piernas. La agarré las manos y me daba patadas, arañazos y me mordió. La agarré por el cuello, recuperé la cartera y la solté. Se desvaneció y pensé que sólo se desmayara". El imputado insistió en que "estaba borracho y no pensé que estaba muerta y como ella me quiso fastidiar, la llevé a una piedra y la dejé allí sentada, creyendo que reaccionaría pronto. Me fui a Ourense y seguí de copas y me enteré dos días después, por la prensa, que la habían encontrado muerta".