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CARLOS GARCÍA - PONTEVEDRA Un centenar de policías nacionales irrumpió a primera hora de la mañana del 27 de junio de 2006 en el poblado chabolista de O Vao (Poio). Tras meses de investigación se pretendía asestar un duro golpe a las tramas de venta de droga en este lugar. Era el último acto de la operación “Volusia”. Es, aún hoy, el mayor operativo desarrollado hasta el momento contra el tráfico de estupefacientes en el que se conoce como uno de los “supermercados de la droga” de Galicia. El resultado: 19 personas que están a la espera de juicio y una acusación del fiscal antidroga de Pontevedra con penas que suman 93 años de prisión. Cada uno se enfrenta a entre 4 y 6 años de cárcel.
El escrito de acusación dibuja el complicado entramado por el que discurre la droga, en pequeñas cantidades, mano a mano desde los proveedores de fuera del poblado, pasando por intermediarios, hasta llegar al último eslabón que la entrega al consumidor. Al parecer, parte de las investigaciones se iniciaron a raíz de informaciones recabadas por la Policía Local de Pontevedra sobre la supuesta actividad delictiva que se desarrollaba en una casa de Mourente. Allí residía Ana María J. J., de 46 años y, según el fiscal, se pudo documentar como esta mujer no sólo entregaba dosis de cocaína a consumidores, sino que suministraba cocaína y heroína a sus hermanas en el poblado.
Ana María J. J. supuestamente se abastecía de droga por varias vías. Se trata de otros cuatro acusados, Carlos O. C., Edelmiro G. S., Roberto Carlos C. Q. y Pedro C. B., quien actuaría en colaboración con sus padres de 53 años, también acusados. A estos, supuestamente, les adquiría la cocaína.
Mourente
La heroína llegaba a Mourente y luego al poblado por otro lado. Dice el fiscal que Ana María le compraba esta droga a Carmen S.G., de Pontecesures, y que supuestamente enviaría la droga a Pontevedra a través de otra acusada, María Concepción J. S. El precio pactado por la droga: 24 euros el gramo.
La investigación también permitió llegar hasta “el payo”, un cambadés que facilitaba supuestamente la cocaína a Pedro C. B. y su familia. Este arousano, Carlos S. A., tenía un presunto colaborador: Martín C. F. . Pero en O Vao de Abaixo no había un único punto de venta de droga. Dice el fiscal que, una vez dentro, Pedro C. B. también le suministraba droga a José Manuel S. S. para su venta a terceras personas en el asentamiento chabolista. Así como a otras personas que también están imputadas.
Como siempre, las cantidades que entran en O Vao no son espectaculares, sino pequeños depósitos para ir respondiendo a la demanda. Aquella jornada del 27 de junio de 2006 se realizaron registros simultáneos en las chabolas de O Vao de Abaixo, además de en Pontecesures y Cambados, los dos puntos de los que, presuntamente, procedía parte de la droga que entraba en el poblado. En las chabolas se hallaron pequeñas cantidades de cocaína y heroína, así como sustancias para cortar la droga. También se encontraron joyas, teléfonos móviles y grandes cantidades de dinero: en las denominadas “infraviviendas” de O Vao se escondían 30.000 o 58.000 euros y hasta dólares americanos. También había billetes de lotería premiados con el reintegro. Al parecer, todo servía de moneda de cambio en el poblado por una dosis.
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