C. GARCÍA - PONTEVEDRA
Ocho miembros de una familia de la parroquia pontevedresa de Lérez fueron desalojados ayer de una vivienda de O Castelo en cumplimiento de una orden judicial para permitir que entre a vivir en la misma, durante un periodo de seis meses, Manuel Carabelos Farto, padre y abuelo de varios de los residentes, quien está condenado por maltrato y sobre quien pesa una orden de alejamiento sobre su mujer y uno de sus hijos.
La problemática que desembocó en el tenso y dramático desahucio temporal que se ejecutó ayer arranca cuando este matrimonio de Lérez decidió separarse. Siempre de acuerdo con la versión que ofrecieron los hijos de Manuel Carabelos Farto, su mujer, Carmen Casalderrey, optó por separarse de su marido a consecuencia "de los malos tratos que la infringía". Pese a todo, entonces no denunciaron esta situación y aseguran que intentaron llevar los trámites únicamente por la vía civil. Entonces, la separación se consumó con una sentencia del Juzgado de Primera Instancia Número 2 en la que se estipulaba que los cónyuges deberían alternar en el disfrute de la vivienda cada seis meses.
La clave de la cuestión es que, según los hijos de este matrimonio, la vivienda en litigio es únicamente el bajo del inmueble y no el conjunto del edificio, donde residen estas ocho personas. Afirman que esta parte es propiedad de la mujer de uno de los hijos. Añaden además que se trata de un inmueble que construyeron y amueblaron ellos y que no forma parte de la vivienda que reclama ahora su padre.
José Manuel Carabelos Casalderrey, uno de los hijos de este matrimonio, afirma que "de feito, o ano pasado xa estivemos nesta mesma situación e meu pai habitou a parte de abaixo, marchou miña nai, como agora; e él entrou a vivir no baixo sen ningún tipo de problema". A José Manuel Carabelos le sorprende que en esta ocasión, sin embargo, "o xuíz que dictou esta mesma sentencia decida agora que meu irmán e toda a familia teña que desaloxar tamén a parte de arriba". "Aínda que hai un único número de inmueble, son dúas viviendas distintas. É como si desaloxasen un edificio enteiro para que entrase a vivir unha persona nun dos pisos", añadió.
Ante esta relación tan mala entre Manuel Carabelos y sus hijos, José Manuel explicaba ayer, casi entre lágrimas, que "o único medo que eu teño é que este señor quede aquí sólo, porque corre o peligro de que lle plante lume á casa, e senón xa o veredes".
La decisión judicial los pilló por sorpresa y reaccionaron con estupefacción cuando ayer se personaron en su casa los funcionarios judiciales, acompañados de varias dotaciones policiales, y les comunicaron que iban a ejecutar la orden de desahucio.