U. FOCES - VIGO
Un padre y su hijo, Prudencio L.D. y José Ángel L.G., fueron juzgados ayer en Vigo acusados de agredir y causar lesiones a un médico en la consulta de una mutua laboral. El fiscal pidió un año de prisión para cada uno de ellos, mientras que la acusación particular elevó a dos años la pena solicitada y reclamó otros 3 meses por injurias. Las dos acusaciones reclaman, además, una indemnización por los daños y perjuicios ocasionados a la víctima que sufrió hematomas y erosiones en el cuello, problemas de cervicales y un trastorno de estrés postraumático del que tardó en curar 141 días no impeditivos, porque no precisó la baja laboral. Una cantidad que la Ley fija en 28 euros diarios.
Inicialmente se solicitaba la condena de padre e hijo por un delito de atentado, si bien sólo puede aplicarse a un funcionario público en el desempeño de su trabajo y en este caso se considera que el médico trabajaba en una entidad privada.
Los hechos juzgados en la sala de Penal 2 se remontan al 30 de julio de 2008. La Fiscalía sostiene que padre e hijo entraron sin que se les llamara en la consulta del médico y le insultaron llamándole "payaso de mierda" e "hijo de puta". El doctor abandonó entonces la consulta para que se calmaran y volvió quince minutos después. Mientras, en actitud agresiva, padre e hijo tiraron libros y la pantalla del ordenador al suelo, siempre según el relato de la Fiscalía. Cuando el médico regresó volvieron a insultarle y Prudencio L.D. le agarró por dos veces en el cuello causándole lesiones en las cervicales, y en las manos.
En opinión del ministerio público y la acusación particular la agresión fue motivadas por la negativa del doctor a firmar un informe de incapacitación profesional para su paciente, según se recoge en los atestados.
Los acusados expusieron que tras media de hora de espera sin que el médico atendiera a ningún paciente y ante el dolor que sentía el joven, el padre llamó a la puerta y les replicó que esperaran. Cuando les llamó se limitaron a llamarle "incompetente", porque sin realizar ninguna prueba médica le dijo al paciente, igual que el día anterior, "que el problema que tenía en la rodilla era un defecto de nacimiento y que no tenía una varita mágica para curarlo". Reiteraron que ni le empujaron ni le agredieron, aunque admitieron voces altas porque al joven le dolía mucho la rodilla. El paciente negó ayer durante el juicio que hubiera tirado libros y la pantalla del ordenador en la consulta. Su padre aseguró que en ningún momento había agarrado al médico por el cuello.