MARTA FONTÁN
La noticia del asalto a Fernando Cáceres, que ha sido víctima de la inseguridad que se vive en Buenos Aires y que pelea por su vida en un hospital, caía ayer como un jarro de agua fría en el Real Club Celta La actual directiva emitía un comunicado mostrando su pesar por el "lamentable suceso" y deseándole una "pronta" y "total" recuperación. También estaba consternado Horacio Gómez, que fue quien lo ficho en su etapa como presidente del equipo vigués. "Ha sido un gran jugador y capitán para el Celta, es una muy buena persona y lamentó terriblemente lo ocurrido", afirmó el empresario, que se enteraba de la trágica noticia por FARO y que recordaba que había hablado sólo hace unos meses con él. "Me dijo que quería venir a Vigo unos días, porque aquí dejó muchos y grandes amigos", señaló.
Gómez espera que "El negro" Cáceres se recupere y pueda hacer ese esperado viaje. Igual que el que fue su compañero de equipo en el club vigués, el también argentino Gustavo López. "Estamos muy pendientes de su evolución, esperando que pueda salir adelante", señalaba este futbolista en referencia a Cáceres, que militó en el Celta entre 1998 y 2004, la época más brillante del equipo que maravilló a Europa por su juego, alcanzando la final de la Copa del Rey y la clasificación para la Champions: en su etapa en Vigo, en la que fue uno de los capitanes del equipo, consiguió ser titular en la mayoría de los encuentros desde su posición de defensa central, un puesto en el que siempre fue brillante y que le reportó un enorme presigio.
El argentino se inició en el antiguo equipo de Diego Maradona, Argentinos Junior. De ahí dio el salto a uno de los grandes de Argentina, River Plate, para después fichar por Boca Juniors. Su gran oportunidad llegó en España. Le abrió las puertas el Real Zaragoza de Víctor Fernández: una copa y una recopa es el balance de títulos con el club maño. Su buen hacer en el campo lo llevaron al Valencia. En 1998 llegó al Celta, donde su brillante juego no se vio eclipsado pese a algunos escándalos, como el del polémico altercado en un hotel de Sevilla a altas horas de la madrugada. Se fue de Vigo cuando el equipo bajó a Segunda. "Es un adios amargo; me hubiera gustado dejarlo en Primera", declaraba entonces este jugador, que también jugó en la selección argentina y que colgó las botas a los 36 años. El fútbol lo llevó de nuevo a Argentina, pero Vigo, donde nació uno de sus hijos, está en su recuerdo. "Se enamoró de la ciudad, como nos enamoramos todos", resume Gustavo López.