SOFÍA LÓPEZ - OURENSE
"No podré pasar página hasta que su asesino pague por lo que ha hecho". Así de contundente se muestra el novio de Laura Alonso, la joven de 19 años vecina de Toén cuyo cadáver apareció el pasado 29 de agosto en una pista forestal de este municipio ourensano, tras una semana de intensa búsqueda. Es sincero y no niega que le pilló por sorpresa cuando se enteró de que Laura y Javier Cruz, su asesino confeso y ex pareja, se veían a escondidas. "Ahora sé que estaba amenazada de muerte por Javier, que le decía que si dejaban de verse también mataría a sus padres, a mí, que les quemaría la casa. Sólo puedo pensar que accedía a verle porque le tenía miedo, que estaba aterrada y que su única intención era protegernos a su familia y a mí".
Lo que realmente le duele "es que Laura está muerta, que la perdí para siempre y quiero por encima de todo, al igual que el resto de nuestros amigos, que su asesino se pudra en la cárcel".
Aunque insiste en que vivía ajeno a los encuentros entre imputado y víctima, asegura que "en cuanto me enteré de su desaparición sospeché de Javier".
Acompañado de varios amigos, acudieron aquel mismo lunes al taller de A Valenzá donde trabajaba el ex novio de la joven. "Le preguntamos si sabía dónde estaba y nos dijo que la buscáramos en el campo de fútbol de Toén". Inmediatamente se lo contaron a la Guardia Civil y "la buscamos el martes, el miércoles y el jueves por la zona, pero su cuerpo no apareció hasta el sábado", lamenta.
Asegura que sus sospechas tienen fundamento. "Cuando empezamos a salir, Laura me contó que Javier siempre se portó mal con ella, que llegó a pegarle y que fue una relación difícil. Estaba claro, era él".
El novio de Laura "tiembla" tan sólo con pensar que una imputación por homicidio imprudente pueda dejar en libertad a Javier Cruz en el plazo de unos cuatro años: "Eso no es justo. La mató de forma cruel, tiró su cadáver, estuvo callado durante una semana y finalmente lo reconoció ante la Guardia Civil y ante el juez. Lo que ha hecho vale más que cuatro años en la cárcel, porque no tiene perdón".
El joven recordaba ayer con mucho dolor la última vez que estuvo con su novia. "Nos despedimos y después le mandé un mensaje para decirle que ya estaba en casa. Me contestó que ella también".
Se vuelve loco al pensar que la llamada que recibió en su móvil a las tres de la madrugada de aquel fatídico 24 de agosto pudiera ser para pedirle ayuda. Sin embargo, dice, "no quiero pensar en eso porque nunca sabré lo que pasó. No sé si me llamaba ella pidiéndome ayuda, porque él la obligó, o si realmente fue Javier quien marcó. Por desgracia, Laura ya no está aquí para explicármelo". Reitera que la relación con Laura era dulce y bonita: "Ella me quería a mí y yo a ella. Estábamos muy bien juntos. Sus padres tienen todo mi apoyo y el suyo".