SOFÍA LÓPEZ - OURENSE
Laura y Javier, Javier y Laura. Lo que empezó como una bonita historia de amor entre una adolescente y un joven mucho mayor que ella, ha tenido un trágico final. Sus destinos se volvieron a "juntar" de nuevo ayer en el barrio ourensano de Santa Mariña. Mientras el cuerpo de Laura yace en el tanatorio de Santa Mariña a la espera de que concluya la autopsia, Javier permanece arrestado en el cuartel de la guardia civil, ubicado también allí. Quienes le conocen bien dicen que es una persona agresiva y posesiva, una actitud a la que Laura, quizás no supo hacer frente jamás.
Todos se preguntan qué pudo pasar la noche de la desaparición de Laura. El pasado domingo 23 de agosto, la joven se despidió de sus amigos y de su novio Juan en un bar de A Valenzá. Dijo que se iba a casa, que al día siguiente tenía que abrir el bar familiar, pero nunca llegó.
Al parecer, su ex pareja la esperaba. Se habrían citado unas horas antes, ya que se veían habitualmente, se mandaban mensajes de móvil y se intercambiaban llamadas. Ocultaban su relación al resto del mundo y por eso el resto del mundo no pudo ayudar a Laura cuando estaba en peligro.
Aunque hace un año interpuso una denuncia por malos tratos contra Juan Cruz, ella misma la retiró. ¿Miedo o amor?. Es lo que se preguntan ahora los que han sido testigos de este triste final, que desconocían que la relación entre ambos continuaba, también ajena a sus respectivas parejas actuales.
Cuando la joven de 19 años desapareció y la Guardia Civil investigó su entorno, se hallaron llamadas y mensajes entre ambos. Entonces, todas las miradas se centraron en él y se empezaron a atar cabos. Finalmente, se cumplieron las sospechas de quienes creían que había tenido algo que ver en lo sucedido, aunque será la justicia quién tenga la última palabra y decida el destino de Javier Cruz, porque el de Laura, ya está decidido.
Quienes lo conocen bien aseguran que Javier Cruz tiene un carácter agresivo y posesivo, una actitud que quizás hacía que Laura no supiese poner el punto y final a la relación. Se dice incluso que le pedía dinero en numerosas ocasiones, y que la joven accedía. Su agresividad quedó reflejada, al menos por el testimonio de Laura, en una querella que la propia joven quiso que posteriormente se esfumara. Ese carácter alterado pudo sufrirlo también el propio padre de Javier, al que pudiera haberle puesto la mano encima en alguna ocasión, unos hechos que quizás también permanezcan en la caja de Pandora del domicilio familiar.
Javier Cruz sabía de la desaparición de Laura, del hallazgo de su cadáver y de la condena colectiva manifestada por todos sus vecinos. Pero miró hacia otro lado y siguió haciendo una vida aparentemente normal sin pensar en las consecuencias; ni participó en la búsqueda, ni manifestó pena. Parecía algo ajeno a él.