MARÍA PARDO - A CORUÑA
El anciano que mató a su mujer en la localidad coruñesa de Coristanco el 7 de agosto con una maza y se entregó en A Coruña, declaró ante a la Guardia Civil tras entregarse que la víctima lo había amenazado con un cuchillo de cocina, "como los utilizados para matar los cerdos". Sostuvo que "nunca se le pasó por la cabeza" la idea de acabar con la vida de su esposa, de la que había estado separado, aunque en el momento de los hechos estaban conviviendo en el mismo domicilio. Afirmó que la actitud de la fallecida, Ubaldina Pazos, al coger el cuchillo, provocó su reacción de golpearla con la maza.
La misma noche del crimen, Ramón I.G. reconoció que se encontraba mejor "que si no la hubiese matado", "que de no haberlo hecho, no le esperaba otra cosa que vivir como un perro". El acusado fue reconocido ayer por un forenses en los juzgados de Carballo, hasta donde fue conducido desde la cárcel de Teixeiro para que el juez ratificase su ingreso en prisión, pero no fue posible porque el único que no está de vacaciones fue quien decidió internarlo al día siguiente de haber matado a su esposa.
Ramón I.G. explicó que después de golpear a la mujer en el pecho tres o cuatro veces mientras ella estaba en el suelo, pataleando y pidiendo auxilio a gritos, fue a la puerta de la casa y cogió las llaves de la cerradura. La víctima ya no se movía, según su declaración, cuando le introdujo las llaves en la boca. "Toma, aquí tienes tus llaves para que me cierres la puerta", le espetó.
El hombre llamó entonces a un taxista para entregarse en A Coruña. El conductor se puso nervioso cuando le contó lo ocurrido: "Tuve que tranquilizarlo", declaró. Lo dejó cerca de un bar y tras tomarse varios claretes le comunicó al camarero que había matado a su mujer y se fue hacia el cuartel de la Guardia Civil. Dos patrullas a las que paró no creyeron, la tercera lo llevó al cuartel. Ya detenido, contó que comenzó a llevarse mal con su mujer diez años después de casarse, acusándola de infiel.