F. MARTÍNEZ - PONTEVEDRA
Ya hay sentencia por la muerte de los dos primos arousanos en un molino de Meaño. El empresario vasco José Manuel González Lacunza ha sido condenado a 49 años de prisión por el asesinato de Ricardo Feijóo Vázquez y José Ángel Feijóo Abal, en un crimen que la Audiencia Provincial de Pontevedra relaciona con “asuntos de tráfico de drogas”. También fue castigado a 37 años el ciudadano francés Patrice Louis Marie Pierre, acusado de los mismos cargos (detención ilegal y asesinato), si bien en este caso el tribunal le aplica la atenuante de colaboración con la justicia. Los otros dos imputados fueron absueltos.
Los dos condenados suman en total 86 años de cárcel y se les considera autores del doble secuestro y asesinato, cometido en un trágico recorrido entre Cambados, Ribadumia y Meaño en diciembre de 2005. La Sección Cuarta de la Audiencia considera probado que retuvieron contra su voluntad a las víctimas y las trasladaron a un molino de Meaño, donde les dispararon a quemarropa y quemaron los cuerpos. El tribunal absuelve sin embargo de este crimen a los otros dos acusados, el ciudadano francés Yohan Piedagnel y el empresario coruñés José Manuel Lata. El primero fue implicado en el caso por una confusión de identidades y el segundo facilitó el vehículo utilizado en el crimen, si bien se considera probado que desconocía el uso que se le iba a dar al coche.
Deuda de 4 millones
En el capítulo de las indemnizaciones, el tribunal condena a ambos acusados a pagar 280.000 euros a la familia de las víctimas, además de abonar 5.000 euros a los herederos del propietario de un vehículo robado, así como a la empresa propietaria del coche de alquiler también utilizado para cometer el asesinato.
Aunque se relaciona el crimen con asuntos de narcotráfico, ya que los asesinos pretendían cobrar una deuda de cuatro millones de euros a las víctimas, el tribunal admite que “no se supo quién hizo el encargo”.
Patrice Louis Marie Pierre, que colaboró con el tribunal realizando un relato veraz de los hechos, declaró que él fue el primero en tirotear a los jóvenes arousanos, previamente maniatados, a quienes disparó en la cabeza. El mismo acusado declaró que después de realizar los disparos a bocajarro, el otro inculpado, González Lacunza, le arrebató el arma y volvió a disparar sobre ellos, para asegurarse su muerte. El empresario vasco negó en todo momento estos hechos y declaró que se había limitado a “acompañar” y “vigilar” la escena del crimen, sin haber participado en el mismo.
El tribunal entiende que es irrelevante quién efectuase los disparos: se considera probado que ambos estuvieron juntos en el lugar del asesinato y ninguno hizo nada por evitarlo. Aunque el caso ha sido sentenciado, otros dos inculpados, dos ciudadanos brasileños, no han llegado a ser juzgados porque se encuentran en paradero desconocido.