OTR/PRESS
Un estudio ha echado por tierra la idea de que la seducción por las marcas surgiera con la Revolución Industrial, para constatar que su nacimiento fue muy anterior. De hecho, todo apunta a que antecendentes de lo que hoy podrían definirse como estrategias de marca ya existían en Mesopotamia y el Egipto de los Faraones, aunque sí reconoce que se convirtió en una cultura social y económica desde hace unos 200 años alrededor tanto de bebidas alcohólicas, como de cosméticos y productos textiles, situación que ha llegado hasta nuestros días.
David Wengrow, arqueólogo del University College de Londres ha realizado el estudio 'Prehistories of Commodity Branding' en el que se revelan datos asombrosos sobre la cultura del capitalismo en torno a las marcas de productos. Así, el autor ha compilado una serie de pruebas que certificarían el nacimiento tanto de las marcas de los productos, como de las estrategias de su producción y distribución, entendidas hoy como estrategias de marca. Entonces, en tiempos del antiguo Egipto o de la Mesopotamia que ocupó lo que hoy conocemos como Irak, se trataba de un simple modo de identificar las mercancías, pero no fue hasta la Revolución Industrial cuando estas costumbres se convirtieron en una importante fuerza tanto social como económica.
De esta forma, la idea que hasta ahora situaba el inicio de las marcas comerciales en dicha Revolución Industrial ha quedado, sino desterrada, algo más precisa, ya que, si bien estas prácticas nacieron mucho antes, no fue hasta ese momento histórico cuando se potenció social y económicamente. Así, estas marcas comerciales comenzaron a ejercer el gran poder sobre la sociedad moderna occidental que persiste en nuestros días.
En un artióculo publicado en el número de febrero de la revista Current Anthropology, recogido por otr/press, Wengrow señala que la Revolución Industrial potenció la producción masiva y, con ella, se multiplicó la importancia de identificar los productos con una marca que aportara un valor añadido al producto que se estaba comercializando. Fue entonces cuando esta estrategia comenzó a ejercer un poder económico a la par que social, que hiciera que los productos consumidos aportaran cierta "autenticidad" a sus consumidores.
El origen del capitalismo
Con todo esto, el autor de este pionero estudio, pone el acento sobre las mercancías que comenzaban a distinguirse con marcas, entre las que destacan las bebidas alcohólicas, los cosméticos y los artículos textiles, de forma que los productos se iban ganando un puesto entre las necesidades de la población, que los convertían en formas de marcar su estatus y su autenticidad ante el resto.
Con el desarrollo de estas prácticas, asegura Wengrow, los consumidores de estos productos distinguidos se han ido convirtiendo con el paso del tiempo en "dioses, celebridades o gurus de negocios". Así, el estudio explica cómo el capitalismo encontraba en esta potencialización de la importancia de las marcas su complemento perfecto y una forma de marketing que hacía de ellas una poderosa fuerza consumista en nuestras vidas.