EFE
Estas y otras inusuales normas cívicas que recoge la revista Time Out y que la mayoría, al parecer, desconoce, son producto en algunos casos de tradiciones de hace décadas y, en otros, de un comportamiento inadecuado que obligó a las autoridades a imponer sanciones correctivas.
Muchos estarían, en cualquier caso, dispuestos a pagar las veinte libras (treinta euros) de multa por tener un encuentro sexual en un hotel después de haberse registrado con otro nombre, con tal de poder disfrutar de ese momento de placer en la intimidad.
El sexo en Londres es algo que, según las leyes de la ciudad, pertenece casi exclusivamente a la intimidad del hogar, de ahí que se prohíba su práctica en automóviles estacionados, trenes, autobuses, iglesias o parques.
Al menos en teoría, los londinenses no pueden ni siquiera cantar alguna canción de contenido obsceno o sexual sin riesgo de ser reprendidos por las autoridades del orden público.
Los animales tampoco escapan a estas prohibiciones: severas sanciones pueden recaer sobre el dueño que permita que su perro, gato o cualquier otro bicho tenga "conocimiento carnal", según reza la ley, con alguna de las mascotas de la Casa Real británica.
La consideración de Palacio Real de la que disfruta el Parlamento británico, ese edificio al que acompaña el conocido Big Ben, hace que ningún plebeyo pueda recibir técnicamente un certificado de defunción en su interior, ya que esto le concedería automáticamente el derecho a que se celebre un funeral de Estado en su honor.
Esta tradición se suma a la también curiosa que obliga a los comandantes de los barcos de la marina británica a entregar un barril de ron a la guardia de la Torre de Londres, donde se conservan las joyas de la corona, cada vez que uno de sus barcos entra en el puerto de la ciudad.
Mucho más en el día a día de la ciudad, los londinenses no pueden subir un cadáver a un taxi ni hacer rodar barriles por la calle si no es para cargar o descargar, pero también les está expresamente prohibido lavar la ropa en alguna de las fuentes que decoran la céntrica plaza de Trafalgar.
En las calles de Londres tampoco se puede volar una cometa ni sacudir las alfombras, aunque sí se les permite a los londinenses limpiar el felpudo de sus casas siempre y cuando madruguen y no hayan dado ya las ocho de la mañana.
Y la norma más veces incumplida: es ilegal estar borracho en un pub y servir o comprar alcohol para alguien que dé muestras de ir bebido.