Con 7 años perdió la vista y con 12 encontró un aliento: la música. En el conservatorio de Zaragoza hizo la carrera de violín y en 1950 entró en la orquesta de plectro Cesaraugusta de Zaragoza, fundada en 1934, cuatro años antes que la ONCE. En 1988, tras quince años como ayudante de dirección, asumió el mando de la agrupación.
"En la orquesta éramos todos ciegos hasta que en 1982 se empezó a admitir a videntes para paliar la cada vez mayor falta de músicos invidentes. Y nos compenetramos muy bien", explica Ramón Fumanal, quien para la X Muestra ha tenido que dejar el violín por un bajo.
Sin embargo, no desaprovecha la ocasión para alertar a la organización del incierto horizonte que le espera a sus orquestas. "Veo mal el futuro", espeta antes de explayarse: "Cada día hay menos ciegos dedicados a la música. De esto no vivimos, sólo es un hobby, si no, supongo que habría más músicos. Esto es muy sacrificado, hay que trabajar mucho y los jóvenes prefieren dedicar el tiempo a actividades como las deportivas". Buen ejemplo de lo que dice es su orquesta, donde hoy sólo hay tres afiliados a la ONCE y seis videntes. Por todo ello hace una petición a la organización: "Le pido que inculque más música y arte a los niños".