ALBERTO QUIAN / VIGO
Diez y media de la mañana en el Hotel Bahía de Vigo. Faltan tres días para el concierto de clausura de la X Muestra Estatal de Música de la ONCE y los directores de las ocho agrupaciones participantes convocan a los 255 instrumentistas y cantantes para el ensayo conjunto en el que ultimarán las piezas seleccionadas para el recital final, el 3 de junio, en el Centro Cultural Caixanova. A la cita acuden todos con máxima puntualidad salvo el medio centenar de jóvenes que compone la coral Allegro de Valencia, desorientados en un autobús que les llevaba en dirección opuesta, a Alcabre.
Las corales ocupan el salón Islas Cíes y, apenas a diez metros, las orquestas se encierran en el salón Ría de Vigo. Comienzan los ensayos con reparto paritario de videntes e invidentes.
Por los pasillos pulula Manuel Martínez Pan, jefe del departamento de los Servicios Sociales de la ONCE en Vigo. Su imagen es la de un hombre descongestionado, aliviado y aligerado de tensiones. Lo más difícil ya ha pasado. La Muestra transcurre con total normalidad, que es siempre lo deseable, y con ella "Vigo ha saldado una deuda", considera Martínez Pan, quien se explica: "La ciudad tenía una deuda con la Muestra por cuanto nunca la había acogido, y aquí tenemos una de las corales más antiguas de la organización", la Cidade de Vigo, fundada en 1957, la cual cuenta con 45 miembros.
Así pues, Martínez se muestra "tranquilo" mientras de fondo acompañan sus palabras los primeros compases musicales, dirigidos por Julio Hurtado Llopis, fundador en 1982 de la coral Allegro de Valencia.
El tiempo ha sido implacable. Aquella coral de voces blancas de niños del colegio valenciano de educación especial de niños ciegos y deficientes visuales ha evolucionado a un grupo de medio centenar de voces mixtas.
"Cuando comenzamos, todos eran niños, pero muchos de ellos han seguido con nosotros y ahora tenemos gente de 8 a 32 años. Este cambio en las voces y en la propia psicología del grupo nos ha obligado a cambiar el repertorio. Básicamente hacemos música moderna, como pueden ser temas de los Beatles", apunta Hurtado Llopis.
España, Italia, Francia, Hungría, Bélgica o Dinamarca están en la ruta de esta agrupación.
Mientras Hurtado dirige a los orquesta de plectro, Joaquín Núñez Santos, director de la agrupación Rodríguez Albert de Huelva se toma un pequeño respiro al tiempo que se inicia el trasiego de un salón a otro para el acople de voces e instrumentos. Dos perros lazarillos de raza labrador retriever contemplan la escena con modorra.
"Todos los grupos hemos estado trabajando una docena de partituras previamente y ahora buscamos coordinar el trabajo de cada uno con buena voluntad. Hemos elaborado un programa muy variado, con piezas como el Aleluya de Haendel, el Himno de la alegría de Beethoven, La Traviata de Verdi y alguna zarzuela", explica.
Apasionado de la guitarra, hijo de invidentes y vinculado a la ONCE desde el mismo día en que nació, en 1985 fundó esta orquesta, en la que ha constatado una "concentración sonora superior" en los invidentes, aunque también reconoce que "cualquier mínimo sonido de fondo distrae más al ciego".
Tanto él como Hurtado sustituyen las batutas y señales visuales por signos sonoros con los que armonizan a sus músicos.
Doce del mediodía. Por fin llegan los miembros de la coral Allegro.