AGENCIAS
En el acto, celebrado anoche, José Sacristán dijo que se siente "enormemente afortunado" por llevar cincuenta años en una profesión que le sigue apasionando y agradeció el nombramiento "como si fuera un Oscar".
Sin embargo, el actor madrileño explicó que este año ha decidido aparcar el cine y el teatro para dedicarse a escribir y a dar conferencias porque, según dijo, prefiere descansar "antes que perder el componente de juego" que para él tiene la profesión de actor.
Aunque alabó el entusiasmo de los integrantes de la agrupación arandina en la defensa del séptimo arte, José Sacristán se mostró convencido de que los cineclubs y las grandes salas no recuperarán el poder de convocatoria que tenían hace algunos años ya que, a su juicio, la forma de ver películas está cambiando.
A su juicio, "se ha desacralizado el rito, se ve más cine pero la gente prefiere utilizar el DVD y quedarse en casa".
En su opinión, este cambio de hábitos es imparable y la industria debe adaptarse a los nuevos tiempos, tras que lo cual señaló que "antes el cine suponía una razón de ser y de vivir, un templo en el que se acudía a oficiar, a soñar, a imaginar y que incluso ofrecía la posibilidad de cambiar el mundo".
Respecto al momento que vive el cine español, el actor aseguró que se habla de crisis desde que se rodó la primera película, aunque reconoció que el talón de Aquiles de la industria en España es la ausencia de un mercado exterior, con la única excepción de directores como Almodóvar y Amenábar.
Lamentó que la oferta que recibe para la gran pantalla "es poco interesante" por lo que en los últimos años ha preferido volcarse en el teatro.
Sacristán explicó que el cine entronca con el "crío que todos llevamos dentro y si ese juego se desnaturaliza y se pierde todo se va al traste. Y no quiero que eso pase".