La Ítaca sonora de Xabier Díaz

El músico gallego, antigua voz de Berrogüetto, recala en Vigo el sábado para revelar su nuevo disco, The Tambourine Man, antes de viajar a Madrid y Barcelona

19.11.2015 | 02:37
Xabier Díaz, en una foto promocional del disco. // FDV

A finales de los años 80, Xabier Díaz comenzaba su labor de campo de recogida de cantigas como aficionado. Lo hacía en las cintas de casete y vídeo VHS. Fue ese el germen de su nuevo disco, The Tambourine Man, puesto este mes a la venta y que presentará en Vigo el sábado, a las 20.30 horas en el Auditorio Municipal; el día 4 en Madrid y el 5 en Barcelona. El álbum recopila el trabajo de dos años y medio en los que ha contado con la revelación de las Adufeiras de Salitre.

Xabier Díaz tiene la voz pausada de alguien que no tiene prisa, de alguien que ha marchado y que ha regresado con la sabiduría en la cartera. El resultado de 20 años de colaboraciones, discos en solitario, búsqueda de composiciones tradicionales por las aldeas y viajes lleva el nombre de The Tambourine Man, el disco sobre el que más ha reflexionado, una especie de Ítaca sonora.

"Algo que tiña claro antes de facer este traballo -explica- era que había unha paisaxe sonora cun común denominador formado por percusións tradicionais e voz. A partires de aí, desa estrutura, fun poñendo as voces. Non quería sacrificar o protagonismo deses dous elementos".

Fue así como regresó al principio de todo desde el siglo XXI: "É como regresar á miña casa pero cambiando elementos de sitio porque é inevitable o peso destes últimos 20 anos", añade haciendo referencia a sus trayectos sobre y dentro de las melodías de Berrogüetto, aCadaCanto, Kepa Junkera, Guadi Galego, Uxía, Budiño o Luar na Lubre, entre otros muchísimos más.

Pero en esta reinvención de lo tradicional, de esas canciones que encontró en aldeas y guardó durante años, Xabier Díaz no ha estado solo. En este disco, ha contado con la fuerza de las Adufeiras de Salitre, una agrupación de jóvenes voces y percusionistas, que eran alumnas suyas.

"Eu percebía que había moita enerxía cando cantabamos xuntos. Ó principio, ían ter unha participación máis pequena pero pouco a pouco fóronse facendo co disco", comenta. Gracias a ellas, confiesa, se llenó de una ilusión que le recordaba a aquella que se tiene cuando se comienza una carrera. "Era como unha sensación iniciática de nacer, de estar espido empezando algo outra vez, como estar á intemperie sen o peso das bandas polas que pasei. Transmitíronme ilusión e iso é impagable", agrega.

Otras colaboraciones estelares son las de Kepa Junkera, Aleix Tobias (Coetus), Xosé Manuel Budiño, Fernando Barroso o Alfonso Merino. Díaz asegura que no quería las colaboraciones de estos músicos para dar un "empaque" al disco. "Pensei ben que podían aportar o disco. Non quería sumar por sumar", matiza

En este punto, resulta imposible no pasar al detalle de algunos temas del disco que brillan desde la primera escucha. Es el caso de "Langueirón", cuyo arranque llama la atención para después hipnotizar con la llegada de la voz. "É curioso porque ese tema é un canto libre non é un pau da música tradicional que non ten un ritmo. Eu recollino como unha especie de alalá. O seu tempo é un cinco, o que non é moi habitual na nosa música. Fun creando un motor da canción, como un mantra coa voz que lle dá unha certa forza. Para min, é un tema moi especial. O zanfonista (Gutier Álvarez) estivo tremendamente acertado porque é un dos temas más emotivos e un dos últimos en entrar na selección do disco", reflexiona.

Si "Langueirón" es un tema especial, "Capra aegagrus hircus" también merece un alto por su sonoridad y su historia que Díaz compartió. El músico aprendió la canción de Concha, la última o una de las últimas tocadoras del pandeiro cadrado de Galicia. La mujer vivía en el sur de la provincia de Ourense, en O Cañizo y ya había sido grabada por Alan Lomax (1915-2002), un etnomusicólogo estadounidense. No obstante, la melodía de Concha va intercalada con otras dos de la gascoña francesa aportadas por el zanfonista Gutier Álvarez. El título -el nombre científico de la cabra- fue elegido como homenaje a un animal cuya piel se utiliza para las panderetas y otros instrumentos gallegos.

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