Manuel Manquiña: "Ser actor no deja de ser una justificación a un desequilibrio emocional o mental"

El intérprete pondrá en escena su último monólogo mañana en Vigo y esta noche en Nigrán

13.11.2015 | 04:55

Manuel Manquiña está a punto de sumarse a la troupe de la serie "Águila Roja". A la espera de que se inicie el rodaje, actuará esta noche en el Sunset Le Grand de Nigrán y mañana en el Barrocco de Vigo ofreciendo un monólogo a partir de las 23.00 horas. De verbo pulcro por teléfono, se muestra en esta entrevista como una persona llana, a la que le tranquiliza limpiar pescado y que, si no fuera actor, le habría gustado convertirse en astrofísico. Su libro de cabecera, confiesa, es uno de matemáticas del alemán Enzensberger.

- Hace tiempo, dijo en una entrevista que no se sentía cómodo en el monólogo.

- No, no es que no me sintiera cómodo en los monólogos. Para mí, es la disciplina más difícil, la que más te exige. Ahora, estoy preparando mi papel en una serie de televisión que tendré que grabar en Madrid. Tengo que preparar el material pero no me crea más inquietud que preparar el texto. Pero el monólogo te obliga a un esfuerzo especial. Cada día, partes de cero porque tienes que ganar al espectador. Lo más difícil es arrancar.

- ¿En qué serie lo veremos?

- Voy a participar en siete capítulos de Águila Roja. Este mes empiezo a grabar en Ávila. Tengo un personaje muy simpático, que me va bien. Tengo los guiones y, por la tarde, me pondré con ellos.

- También participa en el rodaje de la película Sol y Luna.

- Terminó el rodaje en Galicia y, ahora, tengo que ir a la República Dominicana. Estuve muy a gusto con el equipo, con Nerea Barros, el director... Es curioso, por Navidades, la República Dominicana casi se paraliza durante un mes. Entonces, volveremos a finales de enero o en febrero para terminar allí la grabación. En el filme, vengo siendo el tío abuelo del protagonista, es decir, el hermano del abuelo. Yo emigré a la República Dominicana y mi hermano se quedó allí mientras que yo me vine. El nieto viene aquí a conocer sus orígenes y se enamora de una gallega, lo que crea un conflicto.

-Actualmente, no vive en Vigo, qué recuerdo de infancia o juventud puede compartir?

- Voy mucho por Vigo. Su evolución la he seguido. He vivido en Madrid, A Coruña, Santiago... Los recuerdos son muchos. Me hace gracia ir a la Plaza de la Princesa y ver los cuadros de imágenes de taberna, del muelle, en un local. También recuerdo la calle donde nací, Tomás Alonso; Barreras, La Artística, Coia significa mucho para mí... Si paso por María Auxiliadora, entro en el colegio, en la iglesia. Me quedó muy buen recuerdo de Salesianos.

- De no ser actor, qué le gustaría haber sido?

- Astrofísico.

- ¿Me toma el pelo?

- (Risas) Si tuviera capacidad para ello, me encantaría ser astrofísico. Me gusta curiosear con la física. De hecho, juego con eso en el monólogo. La física y la matemáticas me parecen campos casi mágicos. Mientras hablo contigo tengo aquí a mi lado un libro de cabecera, El diablo de los números, de Hans Magnus Enzensberger. Es una forma de entender las matemáticas. Es muy entretenido. Pero no te vayas a pensar, a veces me cuesta entenderlo y tengo que releerlo y releerlo. Me entretengo mucho haciendo pirámides de números, el número áureo...

- ¿Por qué le gusta ser actor?

- Pues... es complicado. Yo creo que no deja de ser una cierta justificación a un desequilibrio mental o emocional. Te permite ser varias personas al día. Yo, a veces, tengo que ir desengachándome. Bueno, yo hago cosas de la vida doméstica muy rutinarias que me permiten tener los pies en la tierra. Yo hago la compra, salgo a la calle y soy accesible. Me gusta plantar cosas, limpiar el pescado... Me relaja. Pero es cierto que ser actor te permite volar a distintas almas. Te permite varias o cambiar. Todo puede resultar monótono. Me gusta variar.

- ¿Qué concepto tiene usted del monólogo?

- El monólogo suele ser una sucesión de tonterías dichas con aire de verosimilitud; al menos, en mi estilo. Tiene algo de esperpento porque es un desenfoque de la realidad.

- En general, el público no se hace una idea del trabajo que hay detrás de un monólogo.

- Cada monologuista tiene un estilo y preparación diferentes, además de las condiciones personales. Yo, aunque tenga mucha práctica, tengo que prepararlo. Hay que repasar para que las ideas fluyan con soltura.

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