Jaime Siles Ruiz: "Los políticos deben aprender aún qué es el bien común"

"La crisis de los refugiados ha enseñado a Europa que no es perfecta"

09.11.2015 | 02:53
Jaime Siles Ruiz. / J.A. Riera

Jaime Siles Ruiz (Valencia, 1951) es poeta, crítico y catedrático de Filología Clásica en la Universitat de Valencia, además de presidir la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Políglota y erudito, en su amplio currículo también destaca el premio de la Crítica 1983 por su "Música del agua" o el Loewe de 1989 por "Semáforos, semáforos".

Defiende la recuperación de la cultura de la palabra y el sentido moral del mundo clásico que hoy han perdido la sociedad y sus representantes públicos.

-¿Falta espíritu crítico en la sociedad civil?

-En la sociedad civil e incluso en los propios políticos. Frente a esas deficiencias que observamos en la realidad de hoy, la cultura clásica fue una cultura de la palabra. Creía en la palabra porque no solo había el sonido, sino también razón. Los latinos veían en el logos, que sería la razón pura kantiana de los griegos, el otro lado de la palabra, que es la palabra lex, la ley. De manera que lo que se decía tenía que ser lógico, tenía que haber relación entre lo dicho y los hechos, entre las palabras y las cosas. Y para eso existía un sistema educativo que lo enseñaba, pero sobre todo lo que había era un sistema moral que servía de código y referencia a una técnica retórica. La retórica puede ser una técnica, pero las tres funciones que tiene son agradar, enseñar y convencer. Hoy es muy difícil convencer, el electorado no suele cambiar su voto por un discurso.

-La sociedad forma más a consumidores que a ciudadanos.

-Ese es el problema. Hoy la concepción mercantilista que tenemos de la realidad ha convertido a los ciudadanos en clientes y las ideologías en productos.

-¿Hoy es más importante el "marketing" que las ideas?

-Sí, pero en la antigüedad se partía de que más importante que la técnica era la condición moral del orador. Y se podía cambiar de idea. En el senado romano, usted proponía una norma y los que estaban de acuerdo se le ponían detrás, con lo cual el presidente sabía cómo estaba la cosa de dividida.

-Los recortes habrán tenido algo que ver en ese empobrecimiento.

-Yo creo que más que los recortes, que han sido graves en muchas cosas, aquí partimos de un hecho social. Nuestra sociedad está enferma, por muchos motivos. Pero en el caso concreto de la pérdida de la cultura de la palabra, asistimos también a una pérdida de la comunicación entre los seres humanos. Mucha de la violencia de género posiblemente procede de una laguna del lenguaje. La gente es incapaz de expresarse y sabemos que cuando falla la palabra lo siguiente es la práctica de la violencia, la acción directa. Lo contrario a la acción directa es el consenso dialógico, que es lo democrático de verdad.

-El sistema educativo descuida esa formación humanista.

-Hoy lo que está en peligro son las humanidades. Lo que está descuidándose es la formación humanística de nuestros jóvenes, convertidos en cobayas y conejillos de indias, han sufrido, desde el comienzo de la democracia hasta hoy me parece que trece planes distintos de estudio, lo que es una barbaridad. Mientras no exista un consenso en educación, no tendremos una verdadera educación. La educación es la gran asignatura pendiente de nuestra democracia. La última vez que hubo una ley de educación consensuada fue a mediados del siglo XIX, la ley Moyano, que ha durado casi hasta los años 70. Precisamente porque estuvo consensuada.

-Ese afán por dejar su impronta de cada sucesivo gobierno ha ido marginando cada vez más el latín, el griego...

-Y la filosofía, y la literatura, y la lengua. Y sobre todo, lo que es más grave, la capacidad de los jóvenes de poder verbalizar la realidad.

-¿Y cómo le llegan los estudiantes a la universidad?

-Me llegan muy variados. Hay alumnos excelentes y muy bien preparados y otros que no. Yo creo que depende muchísimo del centro en que han estudiado... Acabo de leer una cosa divertida en un profesor de enseñanza Secundaria de Zamora que ha publicado un libro y dice lo siguiente: "Se habla mucho de qué planeta vamos a dejarles a nuestros jóvenes; a mí lo que me preocupa es qué jóvenes vamos a dejarle a nuestro planeta", (ríe). Creo que es indicativo.

-¿En qué espejo habría de mirarse nuestro sistema educativo?

-Los alemanes son un ejemplo y los franceses, otro. El sistema universitario inglés es muy bueno pero no es transferible porque no tenemos una realidad social y económica como ellos. Sería más fácil acercarnos a los franceses si llegáramos a tener de verdad un Estado social de derecho.

-¿Qué nos falta?

-Muchas cosas, en primer lugar una educación adecuada de nuestros políticos, que supieran de una vez por todas lo que significa y qué es el bien común. Y luego qué partes de presupuesto hay que dedicar de verdad a lo que importa. Pero no es una cuestión de alargar más o menos años la educación. Es una cuestión de dignificar al ciudadano mediante la educación y para eso se necesita el reconocimiento social de los docentes.

-El sueño de la Europa unida hace aguas cuando los gobiernos se ven incapaces de dar respuesta a situaciones como la crisis de los refugiados.

-Europa siempre ha sido una criatura mental. Ortega y Gasset dijo con muchísima gracia: "Europa es el único continente que tiene un contenido". Eso conviene no olvidarlo, tiene su verdad. Lo que caracteriza a Europa es la crisis permanente de su espíritu. Eso lo explicó muy bien Paul Valéry. Que estemos en crisis no es una excepción, es nuestra normalidad. Porque solo en la crisis es cuando la realidad aumenta, si no la realidad sería un piñón fijo, facilísimo de llevar. El problema de los refugiados es distinto, no lo ha creado Europa, le ha sobrevenido.

-Pero Occidente siempre ha predicado esa acogida que la UE ha sido incapaz de dar ahora.

-Lo que pasa es que no es que no quiera practicarla, sino que no era algo previsto, para entendernos. No le puede cambiar la rueda a un coche en marcha, esto es lo que nos ha puesto a nosotros contra las cuerdas, porque ha enseñado a Europa que no somos tan perfectos como nos creíamos. Pero eso no es malo, porque en el momento en que se piensa eso, se piensa en la deficiencia y la debilidad, se puede corregir. Peor sería todo lo contrario, pensar que podemos hacer frente a todo y que no podamos. Si vienen millones de seres humanos a este lado, eso no se puede improvisar. ¿Cómo se les acoge?, ¿dónde?, ¿qué comida?, ¿qué escuela, qué habitáculo, que ropa se les da? No puede improvisarse en dos días. Pero sí se necesita para ello, una vez más, un consenso y una voluntad de realizarlo.

-Le he leído alertar del "peligroso adanismo social y político" hacia el que vamos.

-Vivimos en una sociedad muy adánica en la que la gente cree que el beso lo acaban de inventar ellos, el verso también lo han inventado los jóvenes y todo se acaba de inventar. La realidad es muy antigua.

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