Las claves de la extinción neandertal

Un estudio pone en evidencia que la baja diversidad genética y la endogamia, unidas a unas condiciones climatológicas extremas, influyeron en la desaparición de este grupo

30.09.2015 | 02:13

Los últimos neandertales lo tuvieron todo en contra para subsistir. El grupo que vivió en la falda de la Sierra del Sueve y que dejó sus restos en la cueva de El Sidrón (Piloña) hubo de enfrentarse a unas condiciones climáticas extremadamente duras, lo que sin duda influyó drásticamente en el descenso del número de individuos y el consiguiente declive de la especie.

Ahora, un estudio realizado por paleoantropólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ratifica esa reducción de individuos y constata la baja diversidad genética del grupo, de la que dan prueba las anomalías en vértebras cervicales que se han podido observar en algunos de los esqueletos de los trece neandertales localizados en la cueva de El Sidrón.

El estudio, publicado en la revista "Plos One", destaca las evidencias que sugieren altos niveles de emparejamiento entre los miembros de los grupos neandertales, un factor que contribuyó a su extinción definitiva. El profesor del CSIC, Antonio Rosas, no tiene dudas sobre los efectos producidos por la endogamia en la merma de la diversidad genética de poblaciones como la de El Sidrón, lo que además facilitaría el ocaso de la especie. "Está claro que la reducción del número de personas en un determinado entorno influye en la variabilidad genética y disminuye la capacidad de respuesta ante un mundo cambiante, convirtiéndose así en uno de los factores claros para su extinción", subraya.

Para el paleoantropólogo, que lleva más de una década ocupándose del estudio de los restos óseos del grupo neandertal que vivió en el entorno del Sueve hace 49.000 años, los últimos avances científicos "han permitido pasar de los neandertales en abstracto a las personas concretas", abriendo así una vía de conocimiento que cada día deja más al descubierto la naturaleza del grupo humano que nos precedió. A su juicio, "el panorama demográfico de los grupos neandertales esclarecido en los últimos años permite dar una explicación biológica al declive numérico y al ocaso de las poblaciones del linaje neandertal".

En El Sidrón se han identificado trece individuos emparentados que han sido documentados uno a uno con todas sus características morfológicas por el equipo de Rosas. La información obtenida facilita un mayor conocimiento de una especie que hasta hace poco se consideraba mucho más salvaje de lo que en realidad era.

Parte de las conclusiones obtenidas en las minuciosas investigaciones es la que ahora muestra anomalías congénitas, como la detectada en la primera vértebra cervical, conocida como atlas, o la singularidad de la retención de los caninos de leche, que se interpretan como resultado de la endogamia que predominaba en el grupo de Piloña.

Las anomalías congénitas fueron halladas en dos de las tres vértebras atlas de los trece neandertales de El Sidrón. Esta vértebra forma un anillo de hueso donde descansa el cráneo y puede presentar gran variedad de irregularidades en la parte anterior y posterior del anillo. Una de las más frecuentes es la conocida como dehiscencia. Con este nombre se conoce la falta de cierre del arco posterior de la línea sagital media y es, concretamente, el defecto que presenta una de las vértebras estudiadas. La otra muestra el defecto en el arco anterior, una anomalía mucho menos frecuente.

Los científicos tienen tres posibles respuestas para explicar la presencia de dos de estos problemas en un grupo neandertal tan pequeño. Por un lado, Rosas sostiene que la deformidad puede tener una base genética y que la frecuencia está señalando los vínculos familiares entre los individuos del grupo.

Otra explicación es la que apunta a la endogamia o práctica de sexo con descendencia entre personas con algún grado de parentesco. El escenario en el que vivían aquellos grupos de pequeño tamaño era propicio para el emparejamiento dentro de la misma familia. Según Luis Ríos, miembro del equipo de Rosas y primer firmante del artículo, "esas prácticas reproductoras pueden generar un aumento en la frecuencia de pequeñas variantes y anomalías congénitas del esqueleto, como pueden ser la transposición de dientes, defectos vertebrales o costillas cervicales". También observa un mayor grado de este problema en poblaciones humanas isleñas o localizadas en zonas aisladas.

Una tercera explicación vincula posibles deficiencias congénitas con condiciones ambientales adversas durante los periodos tempranos de gestación, como, por ejemplo, un patrón de alimentación deficiente en algunos nutrientes.



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