CLUB FARO DE VIGO

Morgado: "Lo que nos emociona, positiva o negativamente, es lo que recordamos"

"La etapa entre los 17 y los 25 años es en la que más recuerdos almacenamos", explicó el psicobiólogo » "La memoria reciente se pierde de forma increíble a partir de los 55"

07.06.2014 | 03:31
El público llenó el Auditorio Municipal do Areal, en Vigo, para escuchar a Morgado.

El catedrático de Psicobiología Ignacio Morgado afirmó ayer en el Club FARO que la emoción es el instrumento que utiliza el cerebro para decidir lo que almacena. "Lo que más nos emociona, tanto positiva como negativamente, es lo que más recordamos", señaló este eminente experto del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, que explicó los distintos tipos de memoria, cómo se crea y se destruye, así como claves para prevenir su deterioro en la edad avanzada.

Morgado, extremeño afincado en Barcelona, fue presentado por el neurólogo Juan Gómez, quien destacó sus méritos académicos y profesionales: premio extraordinario fin de carrera, ampliación de estudios en las universidades del Ruhr y de Oxford, y años de experimentación psicobiológica con ratas y monos. Su último libro se titula "Aprender, recordar y olvidar. Claves cerebrales de la memoria y la educación" (Ariel).

Basándose siempre en conocimientos científicos, Ignacio Morgado recordó que nuestro cerebro acoge 80.000 millones de neuronas, y que cada una de ellas se conecta 4.000 o 5.000 veces a otras. Las conexiones neuronales, llamadas sinapsis, dan origen a circuitos formados por estas células nerviosas interconectadas en los que se guardan las memorias. La memoria, según su definición, es "el cambio en el cerebro que resulta del aprendizaje". La memoria y el aprendizaje son, por tanto, dos caras de la misma moneda: siempre que aprendemos, memorizamos; y siempre que memorizamos, aprendemos". Recordar es volver a activar esa parte del cerebro que cambió cuando aprendimos.

Tipos de memoria

En cuanto a los tipos de memoria, distinguió entre la implícita y la explícita. La implícita está relacionada con los hábitos (comer, vestirse, nadar, andar en bicicleta...), y una vez formada difícilmente se olvida. Se almacena en circuitos del interior de nuestro cerebro, en ganglios basales. En cuanto a la memoria explícita, abarca tanto nuestros conocimientos generales (cultura general, saber cuál es la capital de Francia o quién descubrió América) como los recuerdos de nuestra vida, la llamada memoria episódica o autobiográfica. La memoria explícita se almacena en el hipocampo, una estructura en forma de plátano a ambos lados del cerebro, cerca de su núcleo.

Para ilustrar la importancia del hipocampo, contó el caso HM, lo ocurrido a un paciente llamado Henry Molaison en los años cincuenta. Padecía una epilepsia muy severa, y para atajar sus continuos ataques le extirparon buena parte del hipocampo. "Mantuvo la inteligencia y un buen estado de salud, sin ataques epilépticos -explicó Morgado-, pero no era capaz de formar nuevas memorias. Olvidaba casi al mismo tiempo que aprendía".

Habló también de la memoria de trabajo, utilizada para razonar y tomar decisiones, y muy relacionada con la inteligencia. Se sitúa en la corteza prefrontal (detrás de la frente). "Ninguna otra especie la tiene tan desarrollada", apuntó.

Morgado se apoyó constantemente en experimentos para demostrar, por ejemplo, que al recordar realizamos una "reconstrucción del pasado" casi nunca fidedigna. "Acoplamos nuestras memorias a nuestras conveniencias -subrayó-, incluyendo cosas que nunca ocurrieron. Al contrario que una memoria electrónica, la memória biológica nunca es precisa".

Citó un libro, "La fábrica de la nostalgia", de Douwe Draaisma, para apoyar la teoría de que almacenamos más recuerdos en la etapa entre los 17 y los 25 años, no porque más tarde no seamos tan capaces de guardar esos recuerdos, sino porque a esa edad "nos pasan las cosas que más nos emocionan: empezamos a ser independientes, tenemos el primer amor, el primer trabajo... A partir de los 30 años, ya no es la primera vez para casi nada". De hecho, autobiografías como la de Günter Grass se componen, en su mayor parte, de memorias de esa parte de la juventud.

El psicobiólogo recordó que, a partir de los 55 años, aproximadamente, perdemos capacidad de atención, sobre todo para hacer varias cosas a la vez. "La memoria reciente y de trabajo se pierden de una forma increíble", destacó. Aumentan las distracciones y disminuye la velocidad de procesamiento mental y la formación de memorias. "Esto no significa que vayamos a tener una enfermedad neurodegenerativa grave", recalcó.

Ignacio Morgado recalcó que, al contrario de un mito extendido, sí se crean durante nuestra vida nuevas neuronas en varias zonas del cerebro, incluido el hipocampo.

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