"La endogamia es un vicio letal en nuestra universidad"

"Los matemáticos vivimos eternamente aislados de nuestros vecinos" - "La disciplina es la puerta hacia la gloria"

13.04.2014 | 10:07
Juan Luis Vázquez, catedrático de Matemática Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid. // Epipress

Juan Luis Vázquez - Uno de los mejores matemáticos del mundo

Es uno de los mejores matemáticos del mundo y ha sido el primero de los españoles en pronunciar una conferencia plenaria en un congreso internacional de matemáticas celebrado en Madrid, pero como no está encasillado en ninguno de los clanes que pastorean los grupos de presión políticos y mediáticos, Juan Luis Vázquez (Oviedo, 1946), flamante miembro de la Real Academia de las Ciencias Exactas, es un desconocido para la mal llamada prensa nacional. Hijo único de una familia muy modesta se toma la revancha de haber ligado poco en los bailes de su pueblo desde su cátedra de la Universidad Autónoma de Madrid, donde sus clases son todo un espectáculo. Con nueve idiomas en su mochila y en el top de la investigación mundial, Vázquez es desde 2003 uno de los ocho científicos españoles más citados, según el Institute of Scientific Information. Ese mismo año recibió el premio nacional de investigación "Julio Rey Pastor". Ahora atiende en exclusiva a Epipress en Madrid antes de regresar a Cambridge, donde disfruta impartiendo lecciones magistrales en el Instituto Newton.

–Dígame, profesor Vázquez, ¿para qué sirven las matemáticas hoy?

–Las matemáticas son el código y el lenguaje con el que se escribe la ciencia.

–¿Son acaso tan difíciles para la gente normal porque los profesores tienen a gala que no se les entienda?

–Las matemáticas son difíciles y las malas costumbres en su enseñanza las han hecho aún más difíciles. Las matemáticas no dejan de ser un arte abstracto que se expresa con símbolos propios.

–La música también es un arte abstracto.

–Sí, pero la música se puede hacer comprensible a base de escucharla. Las matemáticas, sin embargo, no se pegan por verlas y no se oyen. Quizá por esta razón, los matemáticos vivimos eternamente aislados de nuestros vecinos.

–¿Se siente usted aislado?

–Sí porque hablo un idioma incomprensible para muchos de los que me rodean. De todas formas, puedo asegurar que las matemáticas no sólo son muy útiles, sino que además uno puede llegar a disfrutarlas siempre y cuando base su ética en el esfuerzo. En matemáticas son fundamentales el esfuerzo y el maestro sabio que sabe llevarte de la mano.

–¿Qué hay detrás de una ecuación para que usted pueda incluso llegar a enamorarse de ella?

–Son fantásticas. Las ecuaciones diferenciales son el lenguaje descubierto por Newton para expresar las leyes de la física y de otras ciencias. Es el lenguaje creado hace 400 años para entender la naturaleza de forma operativa. Luego está el código matemático para comprender las propiedades de las funciones matemáticas que representan las variaciones observadas en los experimentos.

–¿Cómo estaba España en esta materia hasta que usted aparece en 2006 entre los 250 matemáticos más relevantes del mundo, según el ranking del instituto americano Thomson-ISI?

–España ha progresado mucho pero algunos de sus defectos van a peor. En España hay poco respeto al maestro y al esfuerzo. Hemos pasado del temor al maestro autoritario a pensar que cualquier esfuerzo es una esclavitud. La disciplina es la puerta hacia la gloria que nos permite escapar del mundo de los grises.

–¿Se siente usted reconocido en España?

–No, en España los profesores de prestigio aún no tienen el reconocimiento que tienen en otros países. No hay que olvidar que España ha sido un secarral científico hasta hace 30 años, cuando comenzamos a querer ponernos al día. ¿Me siento como la voz que clama en el desierto? Pues no, porque aunque no sean muchos, clamo para unos pocos.

–¿Echa de menos un mayor protagonismo en la prensa?

–La ciencia tiene mala prensa porque es árida y hoy parece que lo único que interesa es la politiquería y las banalidades de celebridades absurdas. Al final, los científicos hablamos poco porque nadie nos escucha. Sabemos muchas cosas, pero da la impresión de que a nadie le interesa. La emoción que sintieron mis abuelos porque yo iba a estudiar no la siente ahora nadie. Todo el mundo está pendiente de Belén Esteban, las minorías ilustradas vivimos atemorizadas por el mundo de la imagen para el consumo de las masas.

–¿Qué queda de aquel niño que emocionaba a sus abuelos con sus estudios?

–Soy el mismo con más años. Yo nací en una familia muy humilde y no iba a estudiar. Soy hijo único. Fue la mujer del médico de la fábrica de armas de La Manjoya, doña Presentina Cardona, la que convenció a mi padre para que siguiese estudiando. También tengo que agradecer el apoyo que recibí del maestro del pueblo, don Celedonio.

–Y luego ingresó en los Escolapios, ¿qué influencia tuvo sobre usted este colegio de religiosos?

–Me dieron una beca y en menos de un año me había convertido en el mejor alumno del colegio. Me trataron muy bien los padres escolapios. Ellos eran unos expertos cazatalentos que se volcaron en mí. Luego tuve la suerte de que en 1957 se empezó a abrir al exterior el régimen franquista para la promoción social de al menos los más brillantes. El esfuerzo para la promoción social de los humildes es algo fantástico que yo he tenido la suerte de vivir. A los 12 años les hice a los escolapios una demostración que les encantó.

–¿Qué les demostró?

–Aprendí francés en tan sólo un año.

–¿Cuántos idiomas ha logrado dominar?

–Para mí los idiomas son un hobby. Hablo bien el español, francés, italiano e inglés. Luego, como soy una persona muy espontánea, logro hablar por los codos portugués, catalán y gallego. Leo alemán, ruso, sueco y holandés. Mantengo también una disciplina para no perder el latín. La pena en España es que a la gente no le gustan los idiomas.

–Sin falsa modestia, ¿cómo ve la vida de su alrededor un superdotado intelectualmente como usted?

–Yo nunca me he sentido un superdotado, lo que sí he procurado es rodearme de gente muy brillante y respetar al pueblo humilde que no vive de la mangancia. Las extravagancias en mi familia nunca fueron bien vistas y quizá el haber pertenecido a una familia de campesinos me hizo no perder la perspectiva. Nunca olvidé lo que me dijo un día el rector de los Escolapios: "Juan Luis, tienes una mente privilegiada, y no se te ocurra desperdiciarla".

–¿Cuándo se percató usted por primera vez de que era algo diferente a los demás y cómo ha gestionado esa diferencia con sus amigos y compañeros?

–Yo siempre fui el listo del colegio, pero nunca fue una experiencia traumática. Yo caía bien a mis compañeros por mi origen campesino. Era un niño empollón pero simpático que hablaba además un dialecto que llamaba la atención. Se me daba muy mal la gimnasia, pero los curas me obligaron a hacer deporte y al final no era tan malo. Yo nunca busqué la excelencia por obligación sino porque me dio la gana y también porque le gusta a mi mujer. Además del listo de la clase he sido muy rebelde y he encontrado en el budismo el justo medio.

–¿Es usted budista?

–Me gusta la filosofía de Buda y la de vivir el momento presente. En la década de 1990 yo me ponía muy nervioso, me estresaba mucho con el trabajo y el budismo me sirvió para relajarme a través, por ejemplo, del yoga. A mí, que soy una persona que vivo en mi propia fantasía, me gustó la propuesta budista del recto camino que consiste en ser tú mismo.

–¿Cómo casa la fantasía con la ciencia?

–Muy bien. El caballo que todos llevamos dentro se puede desbocar y necesita un cochero. Ser matemático e ingeniero además de humanista me facilita ese cochero para controlar los excesos.

–¿Comete usted excesos?

–Yo soy una persona normal. De joven iba mucho a los bailes de los pueblos y ahí era donde me daban alguna que otra lección de humildad. En el colegio era el más listo, pero en esos bailes a los que acudía con mis amigos no ligaba nada y llegaba los lunes al colegio con la moral por los suelos. Ya en 1970 me casé.

–¿Con una de esas chicas que conocía en los bailes?

–¡Qué va! Mari Luz es de mi pueblo. Cuando era joven existía un código moral que te impedía cortejar a las chicas de tu pueblo.

–¿Qué tal se le dan a sus hijos las matemáticas?

–Mi hija es profesora de inglés y pintora y mi hijo es ingeniero informático en el CNIO, así que utiliza las matemáticas.

–¿Qué ha aprendido usted, sobre todo, de sus grandes maestros franceses y americanos en la Universidad de París y en la de Minnesota?

–La profesión, pero al más alto nivel competitivo. Con esa gente tan brillante empecé a jugar en la primera división. Entré en la Fórmula 1 de la ciencia y, sobre todo, aprendí lo que es el esfuerzo, el sacrificio, la ilusión y el éxtasis. Mi vida es muy sacrificada, pero es también muy simpática. Me gustan las cosas sencillas e ir ligero de equipaje.

–¿Por qué no hizo como Severo Ochoa y se quedó en Estados Unidos, donde podría desarrollar una carrera seguramente mucho más ambiciosa?

–Severo Ochoa era mejor que yo, llegó a Premio Nobel, y le ofrecieron en Estados Unidos un puesto envidiable. España no le ofrecía nada a Severo Ochoa y a mi España me ofreció volver y me hizo catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid con 40 años.

–Como científico ¿se siente usted más un ciudadano del mundo o es ante todo un patriota?

–Las dos cosas son compatibles. Soy ciudadano del mundo, español y asturiano. Le puedo asegurar que he rodado por el mundo como una maleta pero que mi ilusión es trabajar por el bien de mi país.

–A estas alturas de la vida, ¿qué está dispuesto a hacer por el bien de España?

–Estoy dispuesto a sacar adelante la barquita de la ciencia en España. Tengo una formación muy ilustrada, afrancesada, y por esta razón soy también muy partidario de servir a la patria.

–¿Se ve usted muy cambiado?

–Yo fui dirigente estudiantil en un país democrático que definíamos también como jacobino o ilustrado. Yo era de izquierdas de joven y me gustaba mucho usar ese término jacobino.

–¿Ya no es de izquierdas?

–No tengo por qué elegir entre la libertad y la sociedad. Habrá que ser socialista cuando toque y liberal cuando sea conveniente. Sigo con un pensamiento de patriota jacobino que no comprenderá nunca el estado autonómico de 17 administraciones y que siempre se ha puesto del lado de las minorías hasta el punto de que aprendí catalán y lo hablé toda la vida.

–¿En qué sentido es usted catalanista?

–Siempre pensé que el problema de integración catalán era un problema intelectual. La discusión que hay ahora me supera y he tirado la toalla.

–¿Sigue usted tan radicalmente en contra de que el catedrático de Universidad promocione a sus discípulos y a favor de la prohibición norteamericana de seguir el postdoctorado donde se hace la tesis?

–Ese es para mí uno de los primeros mandamientos de la ley de Dios. La endogamia es en España un vicio malísimo y letal que ha frenado durante los últimos 300 años el desarrollo de la ciencia.

–¿Qué les pasa a las universidades españolas que están tan mal clasificadas en los rankings mundiales de las más prestigiosas?

–Las universidades españolas han crecido mucho y han hecho un gran esfuerzo por enseñar bien. Lo que sucede es que no ha habido tradición en la investigación y somos pocos los profesores preparados para ese proceso docente de alta prestación. No hemos sido muchos los que hemos salido al extranjero a formarnos.

–¿Falta acaso en España un liderazgo científico basado en el ejemplo y la experiencia?

–En este momento se podría tener porque esa minoría que ha viajado para formarse en investigación existe. Esa minoría ha vuelto al país y se la debería usar. Yo estoy dispuesto a comunicar con ilusión todo lo que he aprendido. ¡Eso sí! Hay que vacunarse contra el vicio de la política porque yo quiero servir a mi país, no tener un cargo.

–¿Cómo le han tratado a usted esos grandes maestros que le ayudaron a formarse, con órdenes tajantes o con consejos?

–El mundo de la alta investigación es de trabajadores voluntarios y los grandes maestros se prodigan con quien quieren. En general los grandes te tratan por tus obras.

–¿Cómo encaja usted los fracasos?

–Mal, pero son muy importantes en la vida siempre y cuando no sean traumáticos. Temo más al marcaje agobiante que al fracaso y le aseguro que yo he estado a punto de padecer ese marcaje que te puede destrozar la vida.

–¿Qué ocurrió?

–Es algo que prefiero no recordar.

–¿Qué pasó cuando usted regresó entusiasmado de Berkeley, una de las mejores universidades del mundo, de participar como consultor, y quiso organizar aquí algo parecido y gratis?

–Ese fue uno de mis fracasos, pero no mi mayor decepción como científico. Ofrecí mis servicios montando cursos de matemáticas que han tenido éxito en Berkeley y en Cambridge, pero que no han tenido cabida aquí. Si me pregunta por qué no han tenido cabida aquí ya le digo que lo ignoro.

–¿Cuál ha sido su mayor decepción como científico en España?

–Me he sentido agobiado por el peso del conservadurismo secular. Las mayorías silenciosas son muy perniciosas y navegan con todos los vientos.

–Dada la estrecha relación entre las Matemáticas y la música, ¿cuáles son sus preferencias musicales?

–Es curioso porque a los matemáticos les suele gustar la música. A mí me gusta todo tipo de música. Fui muy ye-ye y pro-Beatles, pero también disfruto del flamenco, del jazz y de la música clásica.

–¿Qué le sugiere entrar en la academia donde se sentó José Echegaray, que además de científico excepcional recibió el Nobel de Literatura en 1904?

–Que Echegaray recibiese el Nobel de Literatura me parece lamentable. Como ministro, que lo fue cuatro veces, creo que lo hizo muy bien. La Academia de Ciencias Exactas puede jugar un gran papel a pesar de la competencia de las universidades.

–¿Con qué planes llega a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales?

–Quiero abrirla al extranjero, a las comunicaciones y a los congresos. Tengo la impresión de que se espera mucho de mí. Entro con mucha ilusión en la academia, dispuesto a luchar con paciencia, a bregar y a sufrir en silencio si es necesario para seguir la senda de los dos iluminados que hace ya 400 años revolucionaron las matemáticas.

–¿Quién se aproxima más a la verdad: Newton al decir que para conocer el mundo real tienes que escribir las ecuaciones y resolverlas o Galileo cuando afirma que las matemáticas son el lenguaje en el que Dios escribió el universo?

–Lo que dicen es muy parecido. Galileo, quizá, es más poético. Galileo es el profeta y Newton es dios.

–¿Qué le queda por hacer en la vida como persona y matemático?

–Ni idea. En este momento estelar de mi vida me quiero sentar en mi barquita con mi familia y dejar que me lleven los vientos.

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