GALLEGOS EN LA CIMA
susana costas otero 

´Hay que ayudar a la costa a que aumente su resistencia natural y no construir diques´

La viguesa participa desde Portugal en un proyecto europeo para gestionar el litoral ante eventos extremos

08.12.2013 | 02:46
La investigadora viguesa Susana Costas, en una playa portuguesa.
La investigadora viguesa Susana Costas, en una playa portuguesa.

Conocer el pasado de nuestros sistemas naturales es clave para saber cómo reaccionarán en el futuro ante el cambio climático. Susana Costas (Vigo, 1977) ha recopilado la historia de tres enclaves de la costa portuguesa desde hace millones de años hasta hoy gracias al proyecto de investigación que ha liderado en el Laboratorio Nacional de Energía y Geología (LNEG), en Lisboa.
A través de análisis de sedimentos y de datos obtenidos mediante georradar ha reconstruido el paleoclima y las dinámicas de las playas de Quiaios-Mira, Caparica y Tróia. "Alrededor de un 30% de la costa portuguesa sufre graves problemas de erosión y estas tres zonas, que tienen grandes sistemas dunares, fueron muy importantes como almacén de sedimentos en el pasado", apunta.
La huella del hombre está en muchas ocasiones detrás de esta falta de aportes, un problema que también amenaza a muchos arenales españoles. La construcción de puertos o de canalizaciones artificiales agrava la erosión y los ríos, a veces debido a los embalses, depositan menos sedimentos en las playas.
Sin embargo, los registros históricos que conserva la costa revelan también que la propia naturaleza es la responsable de los cambios: "Uno de los resultados más curiosos de mi proyecto es que la playa más antigua, en Caparica, solo tiene 600 años. Pero los datos indican que había otra hace 6.000 años que desapareció porque la línea de costa se movió hacia atrás. Y después se reconstruyó otra nueva".
Susana, que estudió Ciencias del Mar en Vigo y realizó su tesis en la playa de Rodas, en Cíes, permaneció dos años en centros de investigación de Miami y Boston con una beca Fulbright antes de incorporarse al LNEG a finales de 2008. Acabado su proyecto, la viguesa está a punto de iniciar una nueva etapa en el Centro de Investigación Marina y Ambiental (CIMA) de la Universidad de Algarve.
"Cuando llegué a Lisboa se convocaron por primera vez unos proyectos de 3 años que primaban a los jóvenes, pero ahora solo son de un año y para gente que está más allá de la excelencia. Portugal ya no ha tenido la oportunidad de crecer tanto como España, donde se están cargando todo el sistema. Es un dolor para todos que haya gente sin oportunidades para volver a pesar de haber demostrado mucho más que otros que están acomodados en el país", lamenta.
Aunque ya trabaja con el CIMA desde la capital portuguesa, en enero se mudará definitivamente a la pequeña localidad de Faro: "Los portugueses nos aprecian. Consideran a los gallegos amigables y cercanos. Cuando llegué a Lisboa me sorprendió que, en realidad, es un pueblo grande formado por pueblos pequeños. A veces te enfada que paren en el coche en cualquier lugar para hablar con un vecino, pero es familiar y encantadora".
El CIMA la ha fichado para el proyecto europeo RISC-KIT, integrado por 18 socios de 10 países, incluida España, y con un presupuesto de 7,6 millones de euros para los próximos 3 años."Está liderado por la consultora holandesa Deltares, una de las mejores en ingeniería costera, y analizará los riesgos de inundación debidos a eventos extremos de temporales o inundaciones. El objetivo es crear sistemas de alerta precoz y gestionar la costa para que aumente su resiliencia de una manera natural en lugar de construir diques o espigones, que muchas veces empeoran la situación. Se trata de construir con la naturaleza para que el sistema pueda recuperarse por sí mismo", explica.
El proyecto incluye 11 casos prácticos –la Politécnica de Cataluña analiza el delta de Tornera– y el CIMA se centrará en la Ría de Formosa, en el Algarve. "Además de la ingeniería, el proyecto incluye la ecología y también la socioeconomía, donde yo realizaré mis aportaciones. El reto es parte de la emoción", sostiene sobre este giro profesional.
La nueva gestión costera puede implicar la relocalización de núcleos de población: "El ser humano siempre tendió a vivir en la costa. En la península de Tróia, en Setúbal, hubo un enclave romano que quedó enterrado por las dunas. Hoy hay zonas privadas, masificadas con hoteles y urbanizaciones, y solo la gente con dinero puede disfrutar de playas maravillosas. En Formosa también viven pescadores y costaría decirles que se vayan, aunque habría que convencerles con razones y darles una alternativa. Pero la mayoría de casas son vacacionales y las realimentaciones de arena o la construcción de muros proceden del dinero público de un país. Hay que valorar los costes y beneficios y en algún momento tiene que llegar la racionalidad".

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